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La corporación, aberración de nuestra sociedad / M. Zavala y Alonso
En la Cineteca Nacional, el 24 Foro Internacional de Cine concluyó sus actividades con la proyección de la extraordinaria película “La Corporación” de los canadienses Mark Achbar y Jennifer Abbot. Documental que muestra el clímax del modelo de la sociedad contemporánea.Los canadienses Achbar y Abbot, en su narrativa, utilizan una estructura capitular que en mucho se parece a los manuales de productividad de una corporación, haciendo un análisis demoledor de todas las características y aberraciones morales, éticas, políticas, económicas, ecológicas y tecnológicas del manejo de las corporaciones a nivel mundial.
Los cineastas se meten en casos especiales como es el de Nike, IBM, Coca Cola, Pfizer, Mitsubishi, Exxon y algunas otras más, con los cuales demuestran el horror del concepto de origen y operación de una corporación.
Según demuestran los realizadores, una corporación tiene características propiamente de persona física y no sólo moral, en cuanto a atribuciones de operación, producción de ganancias y rendimiento de cuentas, y que sin embargo, al momento de bancarrotas, problemas de derechos humanos, abusos laborales, desastres ecológicos, corrupción, desfalcos y fraudes, no existe un “ser humano” al cual consignar por tal o cual delitos. Esto lógicamente hace que “la corporación” pueda operar de manera prácticamente impune para conseguir su objetivo primordial: la generación de ganancias.
Con un tono objetivo sin caer en la denuncia panfletaria, Achbar y Abbot, van presentando las características de operación de “la corporación” hasta demostrar que es un ente sicótico que no le importa el bienestar de la comunidad, ni los efectos destructivos al medio ambiente que pueda ocasionar por su “productividad”, ni mucho menos le interesan los derechos humanos o laborales de sus trabajadores, y por supuesto, no tiene ni identidad ni bandera que busque defender a nación alguna. “La corporación” es una máquina perfecta que genera ganancias a sus socios y éste interés está por encima de cualquier cosa o circunstancia.
El documental utiliza las voces testimoniales tanto de CEO’s de las propias corporaciones, como de personalidades que están en contra de este modelo de empresa. Sus opiniones van desde el candor y el cinismo, en el caso de los CEO’s; hasta la denuncia y reflexión profunda de las causas y efectos que tienen las corporaciones en la sociedad contemporánea, en el caso de Naom Chomsky, Naomi Klein y Michael Moore.
Los CEO’s dejan con la boca abierta a los espectadores por su amoralidad. Baste citar: “siempre hay beneficios financieros después de cada devastación”, o en el caso de las maquiladoras en países depauperados, “ellos nos reciben con los brazos abiertos, sin nosotros su miseria sería absoluta”. Cuando hacen esas declaraciones al espectador, no se muestran en lo más mínimo apesadumbrados o cohibidos, al contrario, se muestran absolutamente normales. para ellos, la “moral” inmoral de una corporación es parte natural de su vida cotidiana. Por eso resultan las declaraciones de los operadores de las corporaciones hasta cierto punto candorosas, porque denuncian sin el menor recato; son tan espantosas sus declaraciones, que parecerían dichas por seres ingenuos.
La película “La Corporación” es una obra que sin concesiones para con el tema, lleva de la mano al espectador para convertirlo en testigo de una de las aberraciones más impresionantes de operación de la sociedad contemporánea. Sobra decir que una corporación es un ente omnipresente, impune e intocable que lo mismo está presente en las grandes metrópolis, que en los remotos pueblos o en las profundas selvas de Suramérica, ya sea vendiendo productos, o bien, explotando los recursos naturales de las distintas regiones del globo terráqueo.
La Corporación es una obra documental que debería de ser vista por el mundo entero, pero sobre todo, por todos los estudiantes del mundo. Debería ser exhibida no sólo en escuelas con tendencias en contra del capitalismo salvaje, sino también en todas las demás, sin distingo de ideología, ya que lo que hacen las corporaciones en nuestra vida cotidiana planetaria, va en contra del futuro del mismo planeta. Los estudiantes de hoy, son los que seguramente se incorporarán a las filas de empleados o consumidores de las corporaciones en el mañana, por tal razón, deberían de estar muy concientes del cómo actúa “La Corporación”.
Yaxchilán, Chiapas, México.
Tomado de: “Artes e historia de México”. Revista cultural independiente: http://www.arts-history.mx/login.php?URL=/editorial/index.php?id_editorial=160
Prácticamente, la serpiente que se muerde la cola
Ana Valderrama Antes hablemos de Lucifer.
Muchas tradiciones antiguas dictan que antes de su caída, Satán era conocido con el nombre de Lucifer. Tomemos el extremo del hilo de esta reseña, la palabra Lucifer se encuentra por primera vez en la Biblia en Isaías 14:12, y versa más o menos así: "¡Cómo caíste del cielo, OH Lucifer, hijo de la mañana!. Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo".
Este párrafo presenta un pequeño problema para los cristianos que automáticamente relacionan la palabra Lucifer con el demonio, y representa un gran misterio para los estudiosos de textos antiguos.
En principio Lucifer es un nombre latino, pero ¿cómo puede un nombre latino como Lucifer aparecer en un texto hebreo de esa antigüedad cuando el primero no se había ni inventado?
La respuesta se encuentra en el antiguo testamento que Marción rechazó. Esta primera versión del antiguo testamento es el denominado versión de los "Setenta" o "Alejandrina"
-el nombre de "Setenta" se debe a que la tradición judía atribuye su traducción a 70 sabios y "Alejandrina" por haber sido hecha en Alejandría y ser usada por los judíos de lengua griega en vez del texto hebreo-. Esta traducción se hizo para la lectura en las Sinagogas de la "diáspora", comunidades judías fuera de Palestina, y quizá también para dar a
conocer la Biblia a los paganos. Su redacción se inició en el siglo III a.C. (250 a.C.) y se concluyó al final del siglo II a.C. (105 a.C.) y hasta ese momento el capítulo catorce de Isaías no era acerca de la caída de Satán, sino de la caída de un rey Babilónico, el cual durante su gobierno fue perseguido por el pueblo de Israel conocido como Helal, hijo de Shahar.
El pasaje en hebreo se le "heleyl, ben shachar" cuya traducción literal seria "el que brilla, el hijo del amanecer". El nombre evoca el resplandor y fastuosidad con la cual el rey vestía junto con su corte (tal como el rey de Francia Luis XIV fue llamado el rey sol). El traductor original de la Biblia tomó el término más cercano al original hebreo heleyl, ben shachar para traducir al griego heosphoros "Portador de luz".
En respuesta a la versión de Marción la iglesia tuvo que realizar una recopilación o canon oficial de la Biblia en la cual sí se incluyera el antiguo testamento y hacia finales del siglo IV, el Papa Dámaso ordenó a San Jerónimo hacer una nueva versión latina teniendo presente la Septuaginta. Esta versión se impuso en el siglo VII definitivamente y se denominó "Vulgata" porque la intención era “vulgarizar" la obra, volverla popular. San Jerónimo tradujo directamente del hebreo y del griego originales al latín, a excepción de los libros de Baruc, Sabiduría, Eclesiástico y 1º y 2º de los Macabeos, los cuales los transcribió, sin alteración alguna. Asimismo San Jerónimo tuvo acceso a libros más antiguos que no fueron incluidos en la septuagésima, libros como el de Enoch y los apócrifos.
Dado que San Jerónimo necesitaba un nombre equivalente en latín del griego Phosphoros utilizó la astronomía romana, en la cual Lucifer era el nombre que se le daba a la estrella de la mañana o Venus. La estrella de la mañana aparece en los cielos justo antes del amanecer, y anuncia la llegada del sol. El nombre se deriva del término lucem ferre, o el portador de luz. Los escolares y teólogos antiguos mezclaron el mito con la doctrina de la caída y para el tiempo de la traducción de San Jerónimo al latín, el término ya se usaba como sinónimo de Satán.
Y la confusión aumenta más, y notemos la ironía: Lucifer se refiere Satán ya que es el mismo título (estrella de la mañana o portador de luz) pero esto se usa para referirse a Jesús también en el texto griego, en versículos como el Apocalipsis 22:16. Así que a estas alturas ya no sabemos quién es Lucifer, si realmente Satán, un rey antiguo, ambos o ninguno, o fruto de la inadecuada traducción de un monje.
Después, hablemos de Prometeo.
Quizás la respuesta se encuentre en un mito más antiguo, Prometeo, el cual cuenta que una vez concluida la rebelión contra Cronos, el antiguo dios del tiempo, Zeus y los demás dioses olímpicos crearon la tierra, los cielos y los mares. Todo estaba a punto para que apareciera la humanidad, incluso los lugares donde buenos y malos debían ingresar después de muertos.
Había llegado el momento de crear al hombre y son varias las leyendas occidentales que relatan este acontecimiento. En una, los dioses delegaron para ello a Prometeo –El titán aliado de Zeus- y a su hermano Epimeteo.
Prometeo, que en griego significa “previsor”, era inteligente y con más sagacidad que los mismos dioses, pero Epimeteo, cuyo nombre significa "el que reflexiona demasiado tarde, el torpe" seguía invariablemente su primer impulso, para enseguida cambiar de opinión.
Epimeteo repartió todos los mejores dones a los animales: fuerza, rapidez, valor y astucia, plumas, pelo, alas, caparazón y Prometeo se encargo de crear al primer ser humano al que llamó Deucalion, a partir del barro, y junto con Atenea le dio el soplo de vida necesario para animarlo. Al llevar Prometeo al hombre con su hermano, no quedaban ya bienes ni cubierta protectora, ni cualidad alguna que les permitiera salir airosos en su lucha contra los animales.
Demasiado tarde, como siempre, Epimeteo reconoció su error y llamó en su ayuda a su hermano. Prometeo trazó un plan para otorgar superioridad al hombre. Primeramente le dio una figura más noble que la que concedió a los animales y a semejanza de los dioses, le proporcionó una postura erguida. Después volvió a las regiones celestiales junto al carro del sol y con una antorcha se robó el fuego y lo llevó enseguida a la tierra. Prometeo aprendió de Atenea la astronomía, arquitectura, medicina, metalurgia, navegación y en general todos los oficios y tecnologías, y todos estos conocimientos los transmitió a los mortales, quienes con el fuego pudieron imitar a los dioses.
Irritado Zeus ante el progreso humano, quiso acabar con todos los hombres, pero Prometeo se interpuso, y aunque le debía mucho, pues le había prestado ayuda en la lucha contra Cronos, Zeus cegado por su cólera olvido su deuda. Ordenó a sus servidores, la Fuerza y la Violencia, que se apoderaran de Prometeo, le llevaran al monte Cáucaso y le amarraran. Una vez ahí, un buitre destruiría sin cesar sus entrañas. No habría fin para este castigo, porque el cuerpo de Prometeo se renovaba cada noche, para que al amanecer el suplicio volviera a comenzar. Este castigo duró hasta que Hércules le liberó rompiendo las cadenas y matando al buitre.
Ahora, el Uroboros.
En la mitología cristiana, Satán toma la forma de la serpiente y ofrece al primer humano sabiduría, por lo cual es llevado a los infiernos. Para los paganos, Prometeo representa una figura noble en su acto de auto sacrificio, por el cual es condenado al encadenamiento. En contraste, los cristianos añoraron la ignorancia del jardín del Edén, y tacharon al caído Lucifer como el máximo mal por tentar a la humanidad con el entendimiento.
La cristiandad predicó recompensas para la próxima vida, difundió el temor al conocimiento y al placer en este mundo, dejando a la rebelión y la curiosidad inquisitiva como un pecado. Fue un culto de ignorancia, obediencia y abstinencia. Pero no olvidemos que por mucho cientos de años, muchas otras filosofías se desarrollarían en oposición directa, dedicadas a la curiosidad, independencia y al placer.
La serpiente que se muerde a sí misma la cola es símbolo de conocimiento. Muchas referencias a través de la historia indican y marcan el camino que estas otras filosofías han tenido y el uso que han hecho del Uroboros, del griego oyrá, cola, borá, alimento. Entre la magia y la ciencia la inquietud por saber ha estado allí gestando maneras de pensar diferentes y alternas a las impuestas por la tradición y la religión.
Desde el antiguo Egipto hasta la Edad Media la serpiente que adopta una disposición circular, con la cola introducida en la boca, para indicar que continuamente se devora a sí misma y renace de sí misma representa la unidad de todas las cosas materiales y espirituales, que no desaparecen nunca, sino que cambian de aspecto en un ciclo perpetuo de destrucción y creación. En algunas representaciones antiguas aparece complementada con la inscripción griega “hen to pan”, es decir el “uno, el todo” y se asocia a la alquimia al gnosticismo y al hermetismo.
El Uroboros representa la naturaleza cíclica de las cosas, el eterno retorno y otros conceptos percibidos como ciclos que comienzan de nuevo en cuanto concluyen. En un sentido más general, simboliza el tiempo y la continuidad de la vida, y de hecho en algunas representaciones, el animal se muestra con una mitad clara y otra oscura, lo que recuerda la dicotomía de otros símbolos similares como el yin y el yang.
Por último, el cine.
Los significados de Lucifer, Prometeo y Uroboros son autónomos, pero el recorrido con sutil hilo no fuerza a ninguno al querer hermanarlos, y sin embargo surge una pregunta ¿todo lo anterior para qué? …Para dejar un poco suelta la aguja y seguir cosiendo, es decir, invitar a todo aquel que guste del temas, al cine. “¿Pero que reseña más extraña es ésta que no me ha dicho a estas alturas título, director o actores, y aún así pretende que vaya al cine?”.
Es fácil dar con la película, cartel oscuro, slogan que invita a temer, y título explícito sobre el número de víctimas que se requirió para la filmación. La producción es norteamericana y española, lo cual nos aleja de la típica película de miedo gringa, en la cual se van descabezando inocentes hasta que la chica linda –rubia la mayoría de las veces- acaba con el mal amenazante.
Para algunos la película es lenta, abusa del miedo efectista, y no se entiende del todo qué es lo que pasa. Cierto es que le falta explicar muchas cosas, pero es porque no trata al espectador como tonto y no se detiene a explicarle nada. La obra supone que ya hay cierto bagaje común alrededor de los símbolos que va a tratar: el mal, el rito, el sacrificio, la serpiente, la trinidad, y que sólo hace falta contar una buena historia alrededor.
Pero, a final de cuentas, la pregunta queda ¿quién es Lucifer?
En resumen, aunque a Lucifer nos lo configuren como un ser ambicioso, terrible embaucador y gran mentiroso, acabemos de coser diciendo que es una fuerza inagotable que busca alcanzar las estrellas en el cielo. Alejémoslo del concepto de demonio maligno separado de la benevolencia de la naturaleza, no es el enemigo de la humanidad, aunque bien podría ser el más grande humanista. Es, de cierto modo, la parte creativa de esta fuerza natural, es el cincel en manos del creador de una estatua, que tiene que destruir y pulir, probar y progresar.
Es mejor concebirlo como la fuerza bruta, natural, arquetípica que nos orilla a ser algo más de lo que somos, a tener ambición y alcanzar metas y objetivos, claro que para que el ciclo de la vuelta completa, este Lucifer deber ser encadenado, o más bien dirigido por un espíritu noble e inteligente que pueda aprovechar toda esta fuerza bruta e inagotable en bien del ser humano.
Lucifer, con esas raíces de serpiente que tiene, es la tecnología, es la ciencia, es la aspiración al conocimiento y la sabiduría eterna, y cada ser humano tiene algo de Lucifer en sí mismo.
Así que si en un futuro los acusan de ser adoradores de Lucifer, piensen que en cierta manera lo somos, ya que adoramos esa luz que está en el interior de cada uno de nosotros, esa luz que tiene un tinte divino e inmortal y al mismo tiempo humano, que nos da la capacidad de sentir y elegir entre lo bueno y lo malo, y aquí sí estamos hablando de ética y no de moral, que nos da la capacidad de ser algo más, de ver mas allá de lo que nos enseña una sociedad, un profesor, una religión, de ser rebeldes en nuestro pensamiento y cuestionar y preguntar, de marchar a nuestro ritmo y destino.
Título: La séptima víctima.
Director: Jaume Balagueró
Producción: España - Estados Unidos
Año: 2002
En cartelera"
Retrato de familia
La política mexicana nunca habrá de defraudarnos. Pasan los años, surgen nuevos partidos, pero los modos de la mayoría de sus actores, su tipología, permanecen. Debemos a la caricatura que viene del siglo XIX las mejores representaciones de nuestros políticos. Y de entonces a la fecha pasan los años pero, los momentos de la mejor picaresca nacional, permanecen: los leguleyos de lengua bífida, los cerdos que ceban su patrimonio con la miseria del pueblo mientras retozan en un mar de mierda, los servidores públicos que se sirven en privado con la cuchara grande, las tarántulas doctas, los murciélagos que no dejan de chupar la sangre de la patria y las cucarachas que no olvidan rincón, cocina, alcoba, confesionario en su minuciosa conquista.
Pero los caricaturistas no han sido los únicos dedicados a preservar la imagen del político mexicano. ¿Qué sería de nuestra clase política sin el fotoperiodismo, qué sin la naciente industria del video? ¿Se imagina a personajes como Roque Villanueva sin su gesto que le sobrevivirá en una instantánea, o a Bejarano sin sus bolsas y ligas inmortalizadas por el trabajo del videoasta Carlos Ahumada? ¿Qué serían nuestros políticos sin la clásica columna Por mi madre bohemios de Monsiváis que rescató, durante muchos años, la retórica pomposa, sandia y de humor involuntario de buena parte de los políticos en el poder? ¿Qué sin las crónicas de Jorge Ibargüengoitia y Salvador Novo? ¿Qué sin Las mangas del chaleco de Santos Briz?
A esa tradición de sátira despiadada, de caricatura grotesca, de esperpento que desternilla las quijadas pertenece la cinta Conejo en la luna, del director Jorge Ramírez, que se estrenará los primeros días de octubre.
Conejo en la luna es una película en la que ficción y realidad se confunden. Los esperpentos que roban y trafican de manera tan inverosímil son tan reales, que bien podrían formar parte de un reportaje sobre las redes del narcotráfico y la política de altura. ¿Le parece irreal un político dedicado a la especulación inmobiliaria? ¿Un funcionario inmiscuido en el lavado de dinero? ¿Un encargado de la seguridad relacionado en el crimen de un candidato?
El filme no es un retrato de la clase política mexicana pero podría serlo. Mejor aún: lo es en el imaginario popular. Aunque Ramírez nos aclara al final de la cinta que cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia, lo cierto es que la película recuerda, por momentos, los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu. También y, sobre todo, nos recuerda los usos y costumbres del poder caudillesco. Y allí caben las formas de tortura atribuidas a nuestro sistema policiaco y esa necesidad patológica de una parte considerable de nuestros políticos en ser reconocidos como miembros de una clase que sólo ellos logran imaginar.
Con Conejo en la luna, Ramírez muestra que el país del nunca jamás de nuestra política es una realidad cotidiana. Que sus puertas resultan lo suficientemente chaparras para garantizar que, cualquiera que desee traspasarlas, lo hará a rastras. También nos confirma que la pirámide del poder es inconcebible sin la simulación, el doble discurso, la mordida, el delirio de grandeza, el control omnípodo siempre tan vulnerable a largo plazo.
Conejo en la luna continúa esa vigorosa tradición de crítica presente en El periquillo sarniento, El hijo del ahuizote, la prosa monsivaíta o la de Ibargüengoitia. Esta película disecciona nuestra cultura política con el estilete del humor y la ironía. Sus personajes resultan monstruosos porque parecen reales; nos arrancan por momentos el aliento y, de manera constante, la carcajada.
Ignoro cuál será el futuro del cine mexicano. Sé en cambio que, a pesar del poco apoyo que recibe, goza, con películas como esta, es de muy buena salud.
Javier Aranda Luna
Tomado de La Jornada. México D.F. Miércoles 22 de septiembre de 2004
Pero los caricaturistas no han sido los únicos dedicados a preservar la imagen del político mexicano. ¿Qué sería de nuestra clase política sin el fotoperiodismo, qué sin la naciente industria del video? ¿Se imagina a personajes como Roque Villanueva sin su gesto que le sobrevivirá en una instantánea, o a Bejarano sin sus bolsas y ligas inmortalizadas por el trabajo del videoasta Carlos Ahumada? ¿Qué serían nuestros políticos sin la clásica columna Por mi madre bohemios de Monsiváis que rescató, durante muchos años, la retórica pomposa, sandia y de humor involuntario de buena parte de los políticos en el poder? ¿Qué sin las crónicas de Jorge Ibargüengoitia y Salvador Novo? ¿Qué sin Las mangas del chaleco de Santos Briz?
A esa tradición de sátira despiadada, de caricatura grotesca, de esperpento que desternilla las quijadas pertenece la cinta Conejo en la luna, del director Jorge Ramírez, que se estrenará los primeros días de octubre.
Conejo en la luna es una película en la que ficción y realidad se confunden. Los esperpentos que roban y trafican de manera tan inverosímil son tan reales, que bien podrían formar parte de un reportaje sobre las redes del narcotráfico y la política de altura. ¿Le parece irreal un político dedicado a la especulación inmobiliaria? ¿Un funcionario inmiscuido en el lavado de dinero? ¿Un encargado de la seguridad relacionado en el crimen de un candidato?
El filme no es un retrato de la clase política mexicana pero podría serlo. Mejor aún: lo es en el imaginario popular. Aunque Ramírez nos aclara al final de la cinta que cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia, lo cierto es que la película recuerda, por momentos, los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu. También y, sobre todo, nos recuerda los usos y costumbres del poder caudillesco. Y allí caben las formas de tortura atribuidas a nuestro sistema policiaco y esa necesidad patológica de una parte considerable de nuestros políticos en ser reconocidos como miembros de una clase que sólo ellos logran imaginar.
Con Conejo en la luna, Ramírez muestra que el país del nunca jamás de nuestra política es una realidad cotidiana. Que sus puertas resultan lo suficientemente chaparras para garantizar que, cualquiera que desee traspasarlas, lo hará a rastras. También nos confirma que la pirámide del poder es inconcebible sin la simulación, el doble discurso, la mordida, el delirio de grandeza, el control omnípodo siempre tan vulnerable a largo plazo.
Conejo en la luna continúa esa vigorosa tradición de crítica presente en El periquillo sarniento, El hijo del ahuizote, la prosa monsivaíta o la de Ibargüengoitia. Esta película disecciona nuestra cultura política con el estilete del humor y la ironía. Sus personajes resultan monstruosos porque parecen reales; nos arrancan por momentos el aliento y, de manera constante, la carcajada.
Ignoro cuál será el futuro del cine mexicano. Sé en cambio que, a pesar del poco apoyo que recibe, goza, con películas como esta, es de muy buena salud.
Javier Aranda Luna
Tomado de La Jornada. México D.F. Miércoles 22 de septiembre de 2004
Conejo en la luna muestra la corrupción de políticos mexicanos
Conejo en la luna, primera coproducción México-Inglaterra en la historia del cine nacional, es un thriller político que a decir de su realizador, el mexicano Jorge Ramírez-Suárez intenta "mostrar cómo se la gastan los políticos de este país, de éste o el anterior gobierno; porque pareciera que no tienen escrúpulos y hacen lo que sea con tal de serlo". La cinta, que participa en el proceso de selección de los proyectos que representarán a México en los XIX premios Goya y en la 77 entrega del Oscar, se estrenará con más de 200 copias en salas comerciales el primero de octubre, y tendrá una función especial al día siguiente en el segundo Festival Internacional de Cine de Morelia.
Conejo en la luna cuenta la historia de una pareja (el mexicano Bruno Bichir, y la inglesa Lorraine Pilkington) "cuya vida es destrozada por el secretario de Gobernación, el líder del partido oficial, el subprocurador, el embajador en Londres y hasta el presidente, todos ellos corruptos capaces de cualquier cosa con tal de mantener su poder. Es una historia de intriga y suspenso que enseña las técnicas de esos políticos corruptos que tienen secuestrado al país".
Ramírez-Suárez, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica y productor de las operas primas de Hugo Rodríguez (En medio de la nada), Fernando Sariñana (Hasta morir) y Carlos Carrera (La mujer de Benjamín), asegura no temer a la censura: ''La cinta está en estos días en clasificación, esperaremos su reacción. Sé que querían verla ya. Yo hablo de la actualidad. Por eso quería hacer la cinta. La gente que la ha visto me dice que si no temo que me censuren, pero si esto pasa veremos que este país no ha cambiado. La cinta es un producto bien hecho, luego de tres semanas de rodaje en Londres, cinco en México, y con la participación de 10 actores ingleses y 25 mexicanos."
Hay que mencionar también que el productor es José Luis Escolar, con tres premios Goya y ha colaborado con directores como Pedro Almodóvar, Steven Spielberg, Sydney Pollack, Alex de la Iglesia, Vicente Aranda y Agustín Díaz Llanes. Bernardo Trujillo, el diseñador de producción fue director de arte de Frida. Luis Sansans, director de foto ha trabajado para Tony Scott, Gerardo Tort y Julian Schnabel.
Asegura el director que su trabajo es una influencia de cintas como China town (de Roman Polanski). "Es un thriller sicológico, creo que cumple los elementos narrativos estructurales de este género. No te dejará respirar con el contexto político que tiene y con los tiempos tan difíciles que vivimos, viene como anillo al dedo. Aunque eso no significa que sea una película de denuncia ni panfletaria, pero a la gente que le interesa la política la puede disfrutar".
Abunda: ''Son personajes inventados pero nadie me puede decir que eso no puede pasar, eso existe y hay muchos casos que me han nutrido como creativo a hacer una cinta en la que puedo decir que este país esta jodido en ese contexto."
La cinta ya tenía distribución antes del rodaje. "Gussi le entró al proyecto antes de empezar a filmar y eso es muy importante porque eso lo hacen en otros países. No me fui con las majors, lo hice con Artecinema porque es mexicana y se fijó en el proyecto. Filmé con seguridad de que ya tenía distribución asegurada, pero tenía el compromiso, tienes que entregar y terminarla a tiempo la cinta".
Dice el cinerrealizador que en México se "hacen maravillas con poco dinero. Hay condiciones pero poco dinero, no hay un mecanismo financiero que permita producción; hay que hacer algo para modificar las leyes de nuestro país porque son primitivas, no hay incentivos fiscales ni un mecanismo que funcione para meter el dinero, y eso es lo que hace que México tenga poca producción, porque si lo hubiera hay mucho talento".
Entre el reparto mexicano se cuentan a Jesús Ochoa, Alvaro Guerrero, Rodrigo Murray, entre otros.
Juan José Olivares
Enviado por Carlos Flores, quien lo tomó del Periódico La Jornada (México). Sábado 4 de septiembre de 2004.
Conejo en la luna cuenta la historia de una pareja (el mexicano Bruno Bichir, y la inglesa Lorraine Pilkington) "cuya vida es destrozada por el secretario de Gobernación, el líder del partido oficial, el subprocurador, el embajador en Londres y hasta el presidente, todos ellos corruptos capaces de cualquier cosa con tal de mantener su poder. Es una historia de intriga y suspenso que enseña las técnicas de esos políticos corruptos que tienen secuestrado al país".
Ramírez-Suárez, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica y productor de las operas primas de Hugo Rodríguez (En medio de la nada), Fernando Sariñana (Hasta morir) y Carlos Carrera (La mujer de Benjamín), asegura no temer a la censura: ''La cinta está en estos días en clasificación, esperaremos su reacción. Sé que querían verla ya. Yo hablo de la actualidad. Por eso quería hacer la cinta. La gente que la ha visto me dice que si no temo que me censuren, pero si esto pasa veremos que este país no ha cambiado. La cinta es un producto bien hecho, luego de tres semanas de rodaje en Londres, cinco en México, y con la participación de 10 actores ingleses y 25 mexicanos."
Hay que mencionar también que el productor es José Luis Escolar, con tres premios Goya y ha colaborado con directores como Pedro Almodóvar, Steven Spielberg, Sydney Pollack, Alex de la Iglesia, Vicente Aranda y Agustín Díaz Llanes. Bernardo Trujillo, el diseñador de producción fue director de arte de Frida. Luis Sansans, director de foto ha trabajado para Tony Scott, Gerardo Tort y Julian Schnabel.
Asegura el director que su trabajo es una influencia de cintas como China town (de Roman Polanski). "Es un thriller sicológico, creo que cumple los elementos narrativos estructurales de este género. No te dejará respirar con el contexto político que tiene y con los tiempos tan difíciles que vivimos, viene como anillo al dedo. Aunque eso no significa que sea una película de denuncia ni panfletaria, pero a la gente que le interesa la política la puede disfrutar".
Abunda: ''Son personajes inventados pero nadie me puede decir que eso no puede pasar, eso existe y hay muchos casos que me han nutrido como creativo a hacer una cinta en la que puedo decir que este país esta jodido en ese contexto."
La cinta ya tenía distribución antes del rodaje. "Gussi le entró al proyecto antes de empezar a filmar y eso es muy importante porque eso lo hacen en otros países. No me fui con las majors, lo hice con Artecinema porque es mexicana y se fijó en el proyecto. Filmé con seguridad de que ya tenía distribución asegurada, pero tenía el compromiso, tienes que entregar y terminarla a tiempo la cinta".
Dice el cinerrealizador que en México se "hacen maravillas con poco dinero. Hay condiciones pero poco dinero, no hay un mecanismo financiero que permita producción; hay que hacer algo para modificar las leyes de nuestro país porque son primitivas, no hay incentivos fiscales ni un mecanismo que funcione para meter el dinero, y eso es lo que hace que México tenga poca producción, porque si lo hubiera hay mucho talento".
Entre el reparto mexicano se cuentan a Jesús Ochoa, Alvaro Guerrero, Rodrigo Murray, entre otros.
Juan José Olivares
Enviado por Carlos Flores, quien lo tomó del Periódico La Jornada (México). Sábado 4 de septiembre de 2004.
Un día sin mexicanos
Esta película con aires de guaca-documental y llena de desaciertos equivale –para los chicanos-, a la palmadita que le das tu perro cuando hizo un buen trabajo.
Larga y cansada, especialmente al final, el trabajo comete el gran error de generalizar: no todos los chicanos se desempeñan en los puestos más mal pagados de la sociedad gringa ni tampoco son todos gente trabajadora, honesta y con el único afán de servir a los que los emplean.
Hacer una película basada en la idea de "los de abajo son muy útiles" se tradujo en una fuerte discriminación, puede ser que hasta ilegal, ya que justifica el estado de las cosas y aparenta perpetuarlas: hasta donde sé, la sociedad norteamericana basa su democracia en la igualdad y la posibilidad de todos de «arribar a lo mejor». ¿A mí, sirvienta doméstica, barredor de calles, mesero, recolector de fruta, de qué me sirve saber que estoy abajo y que soy la «base de la pirámide»? ¿Era eso lo importante a señalar? ¿No es contraproducente subrayar el estereotipo?
Creo honestamente que brindar a los chicanos la reconfortante idea de "tu trabajo vale, aunque seas el jodido" es además de necia -porque en Estados Unidos, en China, en México y en la Luna, todo trabajo es valioso-, miope, corta, porque la cultura de los mexicanos y de los norteamericanos permite acercamientos inteligentes, logrados, sinceros y complejos. Sin necesidad de que falte el buen humor.
Más hubiera valido, ya en ese plan que recalca el escalafón, y probablemente hasta más hubiera servido de inspiración el recuento de chicanos que sí han subido la pirámide y a base de esfuerzo sólido y de honestidad, digo, si de eso se trataba. ¿A poco Cosby (ahora filántropo y antes comunicólogo norteamericano de color, que surgió “sin nada” del Bronx no sin dificultades y ahora es muy respetado) no es también miembro de una minoría -que al igual que la chicana- está etiquetada como productora de delincuentes? ¡Qué lástima que resultara entonces una película prejuiciosa sobre los mexicanos en Estados Unidos… hecha por mexicanos!. Esperábamos mucho más de Sergio Arau.
En California mucho ha tenido que ver la delincuencia para que así se les etiquete, pero también su condición “ilegal”; lo que es estratégicamente aprovechado por quienes los contratan, emplean y explotan. Lo que ahora corresponde hacer a los que por aparente decisión aceptan ser la cola del león, es demostrar que esa «mala fama» adquirida por un porcentaje significativo de delincuentes es solo eso: mala fama. Porque aunque esa población, de la que no se espera un gran ni prometedor futuro, demostrará en lo individual y en lo colectivo, lo que realmente vale. Suerte.
Un día sin Mexicanos
de Sergio Arau
Guión: Sergio Arau y Yareli Arizmendi
Produced by: Eckehardt von Damm, Isaac Artenstein
Distributor: Televisa Cine
Duración:100 min.
Tere Chacón
http://terech.blogspot.com
tere@sparavel.com
Larga y cansada, especialmente al final, el trabajo comete el gran error de generalizar: no todos los chicanos se desempeñan en los puestos más mal pagados de la sociedad gringa ni tampoco son todos gente trabajadora, honesta y con el único afán de servir a los que los emplean.
Hacer una película basada en la idea de "los de abajo son muy útiles" se tradujo en una fuerte discriminación, puede ser que hasta ilegal, ya que justifica el estado de las cosas y aparenta perpetuarlas: hasta donde sé, la sociedad norteamericana basa su democracia en la igualdad y la posibilidad de todos de «arribar a lo mejor». ¿A mí, sirvienta doméstica, barredor de calles, mesero, recolector de fruta, de qué me sirve saber que estoy abajo y que soy la «base de la pirámide»? ¿Era eso lo importante a señalar? ¿No es contraproducente subrayar el estereotipo?
Creo honestamente que brindar a los chicanos la reconfortante idea de "tu trabajo vale, aunque seas el jodido" es además de necia -porque en Estados Unidos, en China, en México y en la Luna, todo trabajo es valioso-, miope, corta, porque la cultura de los mexicanos y de los norteamericanos permite acercamientos inteligentes, logrados, sinceros y complejos. Sin necesidad de que falte el buen humor.
Más hubiera valido, ya en ese plan que recalca el escalafón, y probablemente hasta más hubiera servido de inspiración el recuento de chicanos que sí han subido la pirámide y a base de esfuerzo sólido y de honestidad, digo, si de eso se trataba. ¿A poco Cosby (ahora filántropo y antes comunicólogo norteamericano de color, que surgió “sin nada” del Bronx no sin dificultades y ahora es muy respetado) no es también miembro de una minoría -que al igual que la chicana- está etiquetada como productora de delincuentes? ¡Qué lástima que resultara entonces una película prejuiciosa sobre los mexicanos en Estados Unidos… hecha por mexicanos!. Esperábamos mucho más de Sergio Arau.
En California mucho ha tenido que ver la delincuencia para que así se les etiquete, pero también su condición “ilegal”; lo que es estratégicamente aprovechado por quienes los contratan, emplean y explotan. Lo que ahora corresponde hacer a los que por aparente decisión aceptan ser la cola del león, es demostrar que esa «mala fama» adquirida por un porcentaje significativo de delincuentes es solo eso: mala fama. Porque aunque esa población, de la que no se espera un gran ni prometedor futuro, demostrará en lo individual y en lo colectivo, lo que realmente vale. Suerte.
Un día sin Mexicanos
de Sergio Arau
Guión: Sergio Arau y Yareli Arizmendi
Produced by: Eckehardt von Damm, Isaac Artenstein
Distributor: Televisa Cine
Duración:100 min.
Tere Chacón
http://terech.blogspot.com
tere@sparavel.com
La amante de Bolzano de Sándor Marai
El anhelante reencuentro de Sándor Marai: azoro por la pasión y la existenciaSándor Marai es un adelantado a su época. Nació el 11 de abril de 1900 en una pequeña ciudad húngara, Kassa, ahora perteneciente a Eslovaquia. A partir de 1928 sus obras fueron publicadas para luego ser prohibidas al instalarse el comunismo en Budapest, ciudad en la que vivía entonces. Para Marai, los años siguientes fueron años de exilio y olvido. Es hasta medio siglo después, al caer el Muro de Berlín, cuando se reedita su obra en Hungría y cuando se reconoce la fuerza avasalladora de su escritura, su sentido contundente. Sólo unos meses antes de la primera reedición, Sándor Marai se quitó la vida.
Como otros dos de sus libros: "El último encuentro" y "La herencia de Ezther", también "La amante de Bolzano" es una historia de amor, profundo. En cada obra, Sándor Marai nos seduce con un relato que anuncia un encuentro largamente esperado entre dos amantes; es decir, un reencuentro que a fuerza de ser tan esperado, ha bordado su invisible manto alimentado golosamente por la existencia de los personajes involucrados en su tragedia, en la tragedia del amor.
En el pasado de estos personajes, algo fue interrumpido de manera casual o voluntaria y con el minucioso paso del tiempo, ese vacío construye una historia para cada quien, única, dibujada y predestinada para siempre por tal separación. Queda entonces ahí un ya impostergable diálogo pendiente. En el umbral de dicho reencuentro, el personaje a quien da voz, lentamente reúne y hace aflorar todos y cada uno de los sencillos acontecimientos cruciales que le provocaron la eterna expectativa y espera que –en un parpadeo– conformó su vida entera, urdimbre que ha sido interrmupida porque no puede más.
Si en "El último encuentro" y "La herencia de Ezther" Sándor Marai es indulgente con el amor y la pasión, en "La amante de Bolzano" el autor se muestra inmisericorde. Tan auténtico sentimiento primigenio, se presenta siempre en sus textos escindido, parte indisociable de un triángulo que es de una sola pieza. Reflejados en un curdo espejo, el amor sincero y la pasión verdadera son un mismo animal, vivo, aparentemente independiente de los personajes que lo gestan. Así entonces, la pasión y el amor son quienes manejan a los personajes a su arbitrio y gusto.
Si algo es claro al terminar de leer a Sándor Marai, particularmente en "La amante de Bolzano" es que el amor y la pasión sobrepasan nuestro entendimiento y voluntad. Sin embargo, también queda suficientemente claro que quien no se somete a su dominio, o no existe, o ha desposeído su propia existencia.
Con una prosa impecable y un ritmo que no suelta, Sándor Marai será para siempre, un clásico invariablemente actual.
Marcela Chacón
Referencia:
La amante de Bolzano
Sándor Marai
Editorial Salamandra
Barcelona, 2003.
ISBN: 84-7888-575-7
283 p.

