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El cartapacio del alecrán

La mujer y el zorro / Marcela Chacón

La mujer y el zorro / Marcela Chacón

Tenía el puño cerrado apretando un papel. El piso de cemento se le venía encima. Sólo veía la punta de sus zapatos negros, rápido, primero uno, luego el otro. El piso ahí: una ráfaga uniforme y gris.

Queridos:
No quiero ya dañarlos. Como siempre, la casualidad depara encuentros que trastocan y al mismo tiempo dan afluencia a lo conocido. Me encuentro completamente sobria y tranquila, es más, las cosas ahora han caído en el fondo. Yo no sé cuánto tiempo permaneceré así. Prometo que intenté sustraerme.

Ha hecho lo imposible por permanecer, por impregnarme de cicatrices. Todo perfectamente meditado, sintiendo sin temores y en cada uno de sus poros la pertenencia evasiva y miedosa de mi cuerpo.

Él tranquilo, con la calma que proporciona la conciencia del éxito.

Vez con vez intenté oponer nuevas y más sofisticadas resistencias. Un día llegué a ausentarme, a no dejar rastro alguno soportando el escozor en el vientre, la urgencia. Llegó, se presentó como si la noche anterior hubiésemos estrechado nuestro abrazo hasta el sueño.

Como lo saben, o quizá ni lo han notado, sin darme cuenta se ha ido apoderando de la sonrisa de ustedes. Los niños de la familia esperan su llegada para mecerse en su regazo y sin decir mucho pone una nota clara donde la confusión se reúne. Yo misma me he encontrado también sorprendida en la musicalidad de su paso. De pronto el café lo he empezado a tomar sin azúcar o, por ejemplo, la satisfacción de trabajar para algo, así, me ha empezado a parecer bochornosa; en cambio, he notado –no sin esfuerzo- que prefiero contemplar la calle desde mi ventana y mirar los ocho invisibles puntos chicos y dos grandes que deja un gato en su camino, o adivinar cuál será el siguiente coche rojo que pase por la esquina. Aún así, no soporto todavía la idea de pasearme por la transparencia luminosa de la noche. Finalmente eso es lo que temo: no me le parezco.

Y bien, además me percato de cómo al dejarme levantada en las mañanas (cuando perdura el aroma del café y rozo con mi camisón sus pasos en la alfombra) quedo sin medida, no más chica o grande, simple y llanamente sin medida, con la cabeza llena de espuma y aire.

Deseo entonces sumergirme en la cama, oler de nuevo las sábanas y cerrar los ojos. Soporto el día hasta que escucho cómo introduce y gira la llave en la chapa. No importa si tenía yo que ir al banco o incluso pagar la renta. Esperarlo. Para despertar.

Debo aclarar que él no ha pedido nada. Así sería fácil negárselo, ejercer verbalmente mi poder con velocidad vertiginosa. No puedo.

No espero con ansia. No hay esmero en el brillo que pueda querer desear en su mirada. Llega como absoluto, no es explicable.

Él me ve y no sonríe, como los zorros que apuntan sus preferencias con el húmedo hocico.

Lo sé, digo tonterías pero deben intentar comprenderme. He encontrado en mi cuerpo sitios para mí desconocidos, recónditos agujeros que desplaza hasta su propio cuerpo, y es ahí a donde me doy cuenta que pertenecen y cobran vida.

Lo he decidido ya y –vuelvo a insistir– él no ha pedido nada. Desaparezco. Es posible que duden de mi felicidad. No lo hagan.

Les quiero.

Las mujeres de los sesenta (II)

Las mujeres de los sesenta (II)

Woman is the nigger of the
world

Yes she is...think about it
Woman is the nigger of the world
Think about it...do something about it


Si bien es cierto que las mujeres, de cualquier edad, temen enfrentarse a su realidad, las que nacieron en los años sesenta encuentran esta tarea doblemente difícil por la carga heredada de sus padres, comentada en mi artículo
anterior.

Esto no sucede con generaciones posteriores que recibieron durante su infancia lluvias completas de comentarios del tipo "tú mereces mucho, no permitas que nadie te haga daño", "el hombre que te ame deberá demostrarlo dando el trato que alguien como tú requiere", y "No hay obligación de casarse, no hay obligación de ser madre, se en la vida lo que desees ser y busca tu felicidad por ti misma". Así, estas adiciones a la educación tradicional facilitaron su desarrollo en la vida y contribuyeron a una mejor percepción de ellas mismas.

El caso aquí es que por contar con una doble formación (la impuesta por sus padres y la impuesta por las consecuencias de los movimientos sociales de hace 30 años), la gran mayoría de las mujeres de los sesenta, al enfrentar relaciones amorosas fallidas, se apanican por la sola idea de quedarse solas y "desprotegidas", idea fuertemente arraigada desde sus primeros años. Y así, el ser parte de la modernidad, estar sumamente preparada, ser inteligente y desempeñar con éxito un oficio o una profesión, se relega a un segundo plano,
siempre por debajo de lo recibido de sus padres y sin importar su grado de inteligencia que tendría que actuar congruentemente a ellas en estas situaciones.

We make her paint her face and dance
If she won't be a slave, we say that she don't love us
If she's real, we say she's trying to be a man
While putting her down, we pretend that she's above
us


Señala la escritora Elia Martínez-Rodarte en su columna Ivaginaria que el empoderamiento de la mayoría de las mujeres no les ha aportado armas para enfrentar su realidad, soledad y la fantástica experiencia de estar con ellas mismas y que relegan todo lo conseguido por estar en un lecho con un hombre cuyas capacidades, inteligencia y forma de pensar no sólo no a está a la par de ellas sino que ni siquiera le llega a los talones. Lo anterior, tan realistamente descrito por Martínez-Rodarte, por supuesto, obedece a nuestro yo interno "padre", que nos fuerza a comportarnos de acuerdo a los cánones que nos hicieron nuestros progenitores el favor de heredarnos.

Y bueno, entendida y analizada la debilidad, hipersensibilidad ridícula y tendencia a la dependencia para sentirse realizada, ¿qué se hace?

La respuesta es fácil, la acción no: el esquema debe romperse y las armas para disfrutar la vida con la única persona con la que naciste y morirás (tú misma) deben adquirirse.

We make her bear and raise our children
And then we leave her flat for being a fat old mother hen
We tell her home is the only place she should be
Then we complain that she's too unworldly to be our
friend


¿Cómo adquirir esas armas? A putazo limpio. Así, igualito que como sacaste una carrera, igualito que el valor con el que pariste un hijo, igualito al coraje con que enfrentas tu rutina diaria. Igualito. La vida es corta y las mujeres de los sesenta dejan pasar los años de una manera miserable esperando ver un cambio que nunca llegará.

¡Salud y vida para ustedes!


Tere Chacón
terechacon@gmail.com
http://terech.blogspot.com

Woman is the Nigger of the World - John Lennon y Yoko Ono (aunque todos sabemos que esa voz no es la de Lennon).
Sometime in New York City, 1972.

Imagen: Fotografía de Helyn Davenport

Prácticamente, la serpiente que se muerde la cola

Prácticamente, la serpiente que se muerde la cola

Ana Valderrama

Antes hablemos de Lucifer.
Muchas tradiciones antiguas dictan que antes de su caída, Satán era conocido con el nombre de Lucifer. Tomemos el extremo del hilo de esta reseña, la palabra Lucifer se encuentra por primera vez en la Biblia en Isaías 14:12, y versa más o menos así: "¡Cómo caíste del cielo, OH Lucifer, hijo de la mañana!. Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo".
Este párrafo presenta un pequeño problema para los cristianos que automáticamente relacionan la palabra Lucifer con el demonio, y representa un gran misterio para los estudiosos de textos antiguos.
En principio Lucifer es un nombre latino, pero ¿cómo puede un nombre latino como Lucifer aparecer en un texto hebreo de esa antigüedad cuando el primero no se había ni inventado?
La respuesta se encuentra en el antiguo testamento que Marción rechazó. Esta primera versión del antiguo testamento es el denominado versión de los "Setenta" o "Alejandrina"
-el nombre de "Setenta" se debe a que la tradición judía atribuye su traducción a 70 sabios y "Alejandrina" por haber sido hecha en Alejandría y ser usada por los judíos de lengua griega en vez del texto hebreo-. Esta traducción se hizo para la lectura en las Sinagogas de la "diáspora", comunidades judías fuera de Palestina, y quizá también para dar a
conocer la Biblia a los paganos. Su redacción se inició en el siglo III a.C. (250 a.C.) y se concluyó al final del siglo II a.C. (105 a.C.) y hasta ese momento el capítulo catorce de Isaías no era acerca de la caída de Satán, sino de la caída de un rey Babilónico, el cual durante su gobierno fue perseguido por el pueblo de Israel conocido como Helal, hijo de Shahar.
El pasaje en hebreo se le "heleyl, ben shachar" cuya traducción literal seria "el que brilla, el hijo del amanecer". El nombre evoca el resplandor y fastuosidad con la cual el rey vestía junto con su corte (tal como el rey de Francia Luis XIV fue llamado el rey sol). El traductor original de la Biblia tomó el término más cercano al original hebreo heleyl, ben shachar para traducir al griego heosphoros "Portador de luz".
En respuesta a la versión de Marción la iglesia tuvo que realizar una recopilación o canon oficial de la Biblia en la cual sí se incluyera el antiguo testamento y hacia finales del siglo IV, el Papa Dámaso ordenó a San Jerónimo hacer una nueva versión latina teniendo presente la Septuaginta. Esta versión se impuso en el siglo VII definitivamente y se denominó "Vulgata" porque la intención era “vulgarizar" la obra, volverla popular. San Jerónimo tradujo directamente del hebreo y del griego originales al latín, a excepción de los libros de Baruc, Sabiduría, Eclesiástico y 1º y 2º de los Macabeos, los cuales los transcribió, sin alteración alguna. Asimismo San Jerónimo tuvo acceso a libros más antiguos que no fueron incluidos en la septuagésima, libros como el de Enoch y los apócrifos.
Dado que San Jerónimo necesitaba un nombre equivalente en latín del griego Phosphoros utilizó la astronomía romana, en la cual Lucifer era el nombre que se le daba a la estrella de la mañana o Venus. La estrella de la mañana aparece en los cielos justo antes del amanecer, y anuncia la llegada del sol. El nombre se deriva del término lucem ferre, o el portador de luz. Los escolares y teólogos antiguos mezclaron el mito con la doctrina de la caída y para el tiempo de la traducción de San Jerónimo al latín, el término ya se usaba como sinónimo de Satán.
Y la confusión aumenta más, y notemos la ironía: Lucifer se refiere Satán ya que es el mismo título (estrella de la mañana o portador de luz) pero esto se usa para referirse a Jesús también en el texto griego, en versículos como el Apocalipsis 22:16. Así que a estas alturas ya no sabemos quién es Lucifer, si realmente Satán, un rey antiguo, ambos o ninguno, o fruto de la inadecuada traducción de un monje.
Después, hablemos de Prometeo.
Quizás la respuesta se encuentre en un mito más antiguo, Prometeo, el cual cuenta que una vez concluida la rebelión contra Cronos, el antiguo dios del tiempo, Zeus y los demás dioses olímpicos crearon la tierra, los cielos y los mares. Todo estaba a punto para que apareciera la humanidad, incluso los lugares donde buenos y malos debían ingresar después de muertos.
Había llegado el momento de crear al hombre y son varias las leyendas occidentales que relatan este acontecimiento. En una, los dioses delegaron para ello a Prometeo –El titán aliado de Zeus- y a su hermano Epimeteo.
Prometeo, que en griego significa “previsor”, era inteligente y con más sagacidad que los mismos dioses, pero Epimeteo, cuyo nombre significa "el que reflexiona demasiado tarde, el torpe" seguía invariablemente su primer impulso, para enseguida cambiar de opinión.
Epimeteo repartió todos los mejores dones a los animales: fuerza, rapidez, valor y astucia, plumas, pelo, alas, caparazón y Prometeo se encargo de crear al primer ser humano al que llamó Deucalion, a partir del barro, y junto con Atenea le dio el soplo de vida necesario para animarlo. Al llevar Prometeo al hombre con su hermano, no quedaban ya bienes ni cubierta protectora, ni cualidad alguna que les permitiera salir airosos en su lucha contra los animales.
Demasiado tarde, como siempre, Epimeteo reconoció su error y llamó en su ayuda a su hermano. Prometeo trazó un plan para otorgar superioridad al hombre. Primeramente le dio una figura más noble que la que concedió a los animales y a semejanza de los dioses, le proporcionó una postura erguida. Después volvió a las regiones celestiales junto al carro del sol y con una antorcha se robó el fuego y lo llevó enseguida a la tierra. Prometeo aprendió de Atenea la astronomía, arquitectura, medicina, metalurgia, navegación y en general todos los oficios y tecnologías, y todos estos conocimientos los transmitió a los mortales, quienes con el fuego pudieron imitar a los dioses.
Irritado Zeus ante el progreso humano, quiso acabar con todos los hombres, pero Prometeo se interpuso, y aunque le debía mucho, pues le había prestado ayuda en la lucha contra Cronos, Zeus cegado por su cólera olvido su deuda. Ordenó a sus servidores, la Fuerza y la Violencia, que se apoderaran de Prometeo, le llevaran al monte Cáucaso y le amarraran. Una vez ahí, un buitre destruiría sin cesar sus entrañas. No habría fin para este castigo, porque el cuerpo de Prometeo se renovaba cada noche, para que al amanecer el suplicio volviera a comenzar. Este castigo duró hasta que Hércules le liberó rompiendo las cadenas y matando al buitre.
Ahora, el Uroboros.
En la mitología cristiana, Satán toma la forma de la serpiente y ofrece al primer humano sabiduría, por lo cual es llevado a los infiernos. Para los paganos, Prometeo representa una figura noble en su acto de auto sacrificio, por el cual es condenado al encadenamiento. En contraste, los cristianos añoraron la ignorancia del jardín del Edén, y tacharon al caído Lucifer como el máximo mal por tentar a la humanidad con el entendimiento.
La cristiandad predicó recompensas para la próxima vida, difundió el temor al conocimiento y al placer en este mundo, dejando a la rebelión y la curiosidad inquisitiva como un pecado. Fue un culto de ignorancia, obediencia y abstinencia. Pero no olvidemos que por mucho cientos de años, muchas otras filosofías se desarrollarían en oposición directa, dedicadas a la curiosidad, independencia y al placer.
La serpiente que se muerde a sí misma la cola es símbolo de conocimiento. Muchas referencias a través de la historia indican y marcan el camino que estas otras filosofías han tenido y el uso que han hecho del Uroboros, del griego oyrá, cola, borá, alimento. Entre la magia y la ciencia la inquietud por saber ha estado allí gestando maneras de pensar diferentes y alternas a las impuestas por la tradición y la religión.
Desde el antiguo Egipto hasta la Edad Media la serpiente que adopta una disposición circular, con la cola introducida en la boca, para indicar que continuamente se devora a sí misma y renace de sí misma representa la unidad de todas las cosas materiales y espirituales, que no desaparecen nunca, sino que cambian de aspecto en un ciclo perpetuo de destrucción y creación. En algunas representaciones antiguas aparece complementada con la inscripción griega “hen to pan”, es decir el “uno, el todo” y se asocia a la alquimia al gnosticismo y al hermetismo.
El Uroboros representa la naturaleza cíclica de las cosas, el eterno retorno y otros conceptos percibidos como ciclos que comienzan de nuevo en cuanto concluyen. En un sentido más general, simboliza el tiempo y la continuidad de la vida, y de hecho en algunas representaciones, el animal se muestra con una mitad clara y otra oscura, lo que recuerda la dicotomía de otros símbolos similares como el yin y el yang.
Por último, el cine.
Los significados de Lucifer, Prometeo y Uroboros son autónomos, pero el recorrido con sutil hilo no fuerza a ninguno al querer hermanarlos, y sin embargo surge una pregunta ¿todo lo anterior para qué? …Para dejar un poco suelta la aguja y seguir cosiendo, es decir, invitar a todo aquel que guste del temas, al cine. “¿Pero que reseña más extraña es ésta que no me ha dicho a estas alturas título, director o actores, y aún así pretende que vaya al cine?”.
Es fácil dar con la película, cartel oscuro, slogan que invita a temer, y título explícito sobre el número de víctimas que se requirió para la filmación. La producción es norteamericana y española, lo cual nos aleja de la típica película de miedo gringa, en la cual se van descabezando inocentes hasta que la chica linda –rubia la mayoría de las veces- acaba con el mal amenazante.
Para algunos la película es lenta, abusa del miedo efectista, y no se entiende del todo qué es lo que pasa. Cierto es que le falta explicar muchas cosas, pero es porque no trata al espectador como tonto y no se detiene a explicarle nada. La obra supone que ya hay cierto bagaje común alrededor de los símbolos que va a tratar: el mal, el rito, el sacrificio, la serpiente, la trinidad, y que sólo hace falta contar una buena historia alrededor.
Pero, a final de cuentas, la pregunta queda ¿quién es Lucifer?
En resumen, aunque a Lucifer nos lo configuren como un ser ambicioso, terrible embaucador y gran mentiroso, acabemos de coser diciendo que es una fuerza inagotable que busca alcanzar las estrellas en el cielo. Alejémoslo del concepto de demonio maligno separado de la benevolencia de la naturaleza, no es el enemigo de la humanidad, aunque bien podría ser el más grande humanista. Es, de cierto modo, la parte creativa de esta fuerza natural, es el cincel en manos del creador de una estatua, que tiene que destruir y pulir, probar y progresar.
Es mejor concebirlo como la fuerza bruta, natural, arquetípica que nos orilla a ser algo más de lo que somos, a tener ambición y alcanzar metas y objetivos, claro que para que el ciclo de la vuelta completa, este Lucifer deber ser encadenado, o más bien dirigido por un espíritu noble e inteligente que pueda aprovechar toda esta fuerza bruta e inagotable en bien del ser humano.
Lucifer, con esas raíces de serpiente que tiene, es la tecnología, es la ciencia, es la aspiración al conocimiento y la sabiduría eterna, y cada ser humano tiene algo de Lucifer en sí mismo.
Así que si en un futuro los acusan de ser adoradores de Lucifer, piensen que en cierta manera lo somos, ya que adoramos esa luz que está en el interior de cada uno de nosotros, esa luz que tiene un tinte divino e inmortal y al mismo tiempo humano, que nos da la capacidad de sentir y elegir entre lo bueno y lo malo, y aquí sí estamos hablando de ética y no de moral, que nos da la capacidad de ser algo más, de ver mas allá de lo que nos enseña una sociedad, un profesor, una religión, de ser rebeldes en nuestro pensamiento y cuestionar y preguntar, de marchar a nuestro ritmo y destino.

Título: La séptima víctima.
Director: Jaume Balagueró
Producción: España - Estados Unidos
Año: 2002
En cartelera"

Sin título / Fidel Luján

Sin título / Fidel Luján

En sombra contra la pared
el alto pistilo de la tarde.
Un gajo de luna

irredenta sobre el mar
de astros que se avecina,
más un copo de vapor

que rodaja de mineral y bruma
más sueño de albatros
en vuelo sobre los sargazos.

No me he movido de aquí.

ignoro si tienen fe mis pasos
no he sabido nunca del escupitajo
del salamandro ni las ojeras
del macaco.

Salvo las venas rotas,
pedazos de hojas, retazos
que las hormigas embalan
en sus garfios, tú
sal de mi piel
y mi gracia, permaneceremos

aquí como una antigua jactancia
logro de la incredulidad,
espejo de Lot
espuma de una rabia
que nadie desea.


Fidel Luján

La diabetes y las hormigas / Marcela Chacón Ruiz

La diabetes y las hormigas / Marcela Chacón Ruiz

Una nota recientemente publicada en la página de MSN en México señala que el comer bien y productos naturales “se ha convertido en una obsesión para muchas personas, una enfermedad”.

Los productos alimenticios manufacturados, y que son más del 80% de los alimentos que se ofrecen en México, por ejemplo, y que ya ahora conforman “la dieta” de una familia de nivel económico medio o bajo, son de pésima calidad: el campo ya no produce en pequeñas parcelas; las regiones han dejado casi por completo de producir y consumir las especies vegetales y animales endógenas.

En relación directa con lo anterior, la proliferación del monocultivo ha provocado la pérdida de la riqueza nutritiva y diversidad de productos que encontrábamos hace 25 años en los puestos del mercado. Las industrias producen alimentos de manera masiva y artificialmente acelerada lo que implica que provienen de una tierra empobrecida y desgastada por reproducir los mismos nutrientes; que ha sido acosada por fertilizantes y pesticidas, con los consabidos riesgos químicos implicados en ello, y que se transmiten íntegros en la planta y su fruto.

Por si fuera poco, al ser cosechados, la gran mayoría de esos productos, apenas comienzan su “via crucis” hacia nuestra mesa: ya cosechados dentro de las industrias son tratados para cambiar su forma natural y empacarse en latas, bolsas y recipientes de plástico y cajas -cuando mejor, en vidrio- para ello, se les procesa y posteriormente adereza con suficientes químicos para colorearlos, saborizarlos, vitaminarlos y conservarlos ...no poco, eh. Tiempo después, nosotros en casa los refrigeramos y cocinamos. La calidad nutritiva de cada alimento ha sido prácticamente destruida. Al mantener un régimen alimenticio de tan pobre calidad, nuestro cuerpo lo reciente y se “endiabeta”.

Un solo ejemplo: decenas de millones de personas desayunan todos los días un producto extrañísimo, totalmente artificial, con textura intragable y de pésima calidad: aquello que llaman cereal. Y claro, lo tienen que vitaminar porque de otro modo, el único nutriente que se consume con este producto sería la leche con la que se combina para hacerlo tragable; es como comer periódico con leche, digamos. También podríamos acostrumbrarnos.

Como sabemos bien, los legítimos cereales son: el maíz, la avena, el arroz, el trigo, etc. en su forma pura e integral. No necesitamos hacer estudios especializados para conocer los nutrientes que conlleva una porción de pseudoalimento seco y corrugado, comparado con los nutrientes que aporta un plato de nopales con huevo, acompañado con una tortilla de maíz hecha a mano (en México), o un plato de avena natural con papaya o plátano, o una rebanada de pan de centeno integral con mantequilla y mermelada. El sentido común, lo sabe, nuestro cuerpo nos lo dice.

No se mencionará aquí cuánto le cuesta al planeta producir una caja de hojuelas corrugadas (con su enorme caja de cartón impresa y entintada con la bolsa de plástico semivacía), y cuánto un huevo revuelto de gallina casera revuelto con espinaca silvestre; pero sí hemos de señalar que la diferencia de costo es exponencial e inversa. Las hojuelas empobrecen la tierra y su cultivo implica la deforestación de enormes territorios, la contaminación de mantos freáticos, por mencionar sólo dos de los problemas que provoca. La gallina de granja o traspatio y la espinaca de huerto o silvestre pueden enriquecer con sus deshechos, a la tierra.

Asimismo no se hablará en este momento sobre los millones de dólares y pesos que se han invertido de manera obsesiva, para cambiar el diverso hábito del desayuno que prevalecía en cientos de regiones con miles de familias en los muy distintos parajes de los países del mundo; lo que a su vez ha cambiado la relación de estas personas y familias con su entorno, con la naturaleza y que consecuentemente ha transformado las relaciones culturales entre sus pobladores. Ahora todos comemos el mismo “cereal”, poco a poco vamos teniendo la misma “cultura”, cuerpos, malestares...

Tampoco abordaremos la amenaza que representa la introducción de cereales trasgénicos, porque sustituyen las variedades que la naturaleza ha producido durante miles de años. Las especies transgénicas serán las utilizadas, las preferidas por los industriales del alimento por ser de menor costo y presentar “homogeneidad”. Esa homogeneidad genética tan buscada y perseguida paradójicamente por la competencia; en el caso de los alimentos produce una calidad nutritiva indudablemente menor y de la cual desconocemos por completo sus efectos secundarios en nosotros, los consumidores. Otra de sus características de ciencia ficción es que dichas semillas no podrán reproducir vástagos, lo que obligará al cultivador-consumidor a comprarla interminablemente. La magnánima prodigiosidad de la vida y su reproducción cancelada por el mercantilismo: las semillas saldrán no de la tierra sino de los laboratorios. Extinta entonces la magia de procrear el propio alimento en “el terreno”, en el huerto, en el traspatio de la casa.

No es momento de plantear aquí el gran poder económico y financiero que genera la industria médica y hospitalaria en y para el tratamiento de la diabetes, ni el número de casos anuales en niños, jóvenes, adultos y ancianos que día a día se incrementa. Pero queda claro que de seguir así, el camino empieza con el fin.

A principios del S. XXI, el comer bien requiere de gran dedicación, sí. Encontrar alimentos nutritivos y sanos no es fácil, no están a la mano, no se producen, y si se produce alimento criollo, de huerto, rancho o parcela, es increíblemente difícil distribuirlo, cuando no, se bloquea; por lo que se ha vuelto también muy caro. Los costos de producción y distribución masivos son mucho más baratos para los industriales (que no para la ecología de la tierra y su entorno), que los productos criados con procesos naturales.

Entonces como dice MSN, afortunadamente el comer bien se ha convertido para muchos en una obsesión, para aquellos afortunados que tienen el dinero para darse ese lujo. Quizá es una similar obsesión que aquella que ha tenido durante más de 50 años la refresquera negra –otro ejemplo- por introducir su bebida en todos los rincones del planeta, nuestro hormiguero.

Comer sano, comida natural y productos de nuestro entorno regional, entonces, es cuidarse a sí mismo, pero también a la naturaleza y a la distribución de la riqueza. Es la ganancia de las hormigas.

La comida oaxaqueña

La comida oaxaqueña

Ningún folklore más interesante, más revelador del verdadero espíritu popular que aquel que pudiéramos llamar folklore culinario. Son las comidas de cada país como la ficha antropológica integral, colectiva, y no sólo del cuerpo, sino también del alma.
Si comparáramos, comiéndolos, los alimentos de los norteamericanos, los franceses, los ingleses, los españoles, los italianos, sabremos más acerca de esos pueblos que todo lo que nos digan los tratados. Esto es ya tan característico que algunos platos son como símbolos de la nacionalidad: el steak británico, la pasta sciuta italiana, el cocido español, el pork and beans yanqui, representan mejor a cada país que su propio escudo de armas. Aquí, en México, ¿no es el guajolote del mole el único animal que puede competir en nacionalismo con el águila de la bandera?
Pues, si en cada nación, estudiamos con el paladar los alimentos de sus diversas regiones, ¡qué geografía tan verdaderamente humana no llegamos a construir!
La cocina de México, rica, si las hay, variada y sabrosa, y difícil de condimentar y digerir cono ninguna, es la base más firme en que descansa la nacionalidad. Y, ¡cómo varía en los diversos estados de la República! ¡Cómo es suculenta de mariscos en las costas, rica de carnes en la Altiplanicie, de vegetales en Puebla, de condimentos de leche en el Bajío, la región de los pastos! Ya desde el siglo XVI era admirada nuestra cocina nada menos que por Juan de la Cueva, insigne poeta español, que al describir la ciudad de México no podía de hacer elogios de sus alimentos,
...que un pipián es célebre comida, que al sabor dél os comeréis las manos.
Oaxaca había de ser por fuerza abundosa de buena y peculiar comida. Basta de ver, en el mercado, la variedad de comestibles para comprobarlo. Ora son los quesillos, de tiras angostas, enredados, que dan la forma de un queso habitual; ora la infinidad de panes de los que el más sabroso, si no el más fino, es el que llaman resobado, grasoso, salado, hecho para la comida, en contraste con el pan de huevo, dulce, para la merienda. La gloria del mercado son, empero, los puestos de chiles, porque hay puestos en que únicamente chiles se venden. Y hay que ver la diversidad de chiles, en sus colores, en sus formas y tamaños que excitan la gula de los oaxaqueños.
Sujetos al detestable régimen alimenticio del hotel, de un cosmopolitismo insípido, hecho para complacer al más sibarítico agente viajero, apenas pudimos darnos cuenta de la genuina y legítima cocina oaxaqueña. Sin embargo dos deliciosas exploraciones por ese campo me dan pretexto, si no autoridad, para deshacerme en elogios de ella, ya que no puedo reseñarla documentada y minuciosamente.
Una buena mañana fuimos invitados a comer tamales oaxaqueños. Y en verdad que son éstos los tamales más maravillosos que he comido en mi vida. Se les envuelve en dos hojas de plátano cruzadas que se van abriendo como un libro; y entre ellas y en el fondo del “incuarto”, cuando hemos acabado de abrirlo, se abriga el suculento tamal, no duro como los de México, sino pastoso, abundante de salsa y pollo.
Pero la cumbre de la comida oaxaqueña es naturalmente el mole. El mole oaxaqueño como yo conozco, pues hay varios, es negro como carbón, de sabor menos complicado que el mole poblano, pero no menos grato al paladar. Los dioses parecen regocijarse y la vida, dura, suavizar un poco sus contornos.

Manuel Toussaint

Tomado de “Oaxaca”. México, Cvultura, 1926.
La pintura que ilustra este artículo es de Rodolfo Morales, Mural en Ocotlán, Oaxaca.

Las mujeres de los sesenta

Las mujeres de los sesenta

"...Esta tarde, pensando todo esto frente a una ventana lúgubre donde cae la nieve, con más de cincuenta años encima y todavía sin saber muy bien quién soy, ni qué carajos hago aquí, tengo la impresión de que el mundo fue igual desde mi nacimiento hasta que los Beatles empezaron a cantar. Todo cambio entonces. Los hombres se dejaron crecer el cabello y la barba, las mujeres aprendieron a desnudarse con naturalidad, cambió el modo de vestir y de amar, y se inicio la liberación del sexo y otras drogas para soñar. Fueron los años fragorosos de la guerra de Vietnam y la rebelión universitaria. Pero, sobre todo, fue el duro aprendizaje de una relación distinta entre los padres e hijos, el principio de un nuevo diálogo
entre ellos que había parecido imposible durante siglos..."

Gabriel García Márquez


La realidad:

1) Las mujeres de los sesenta, en su mayoría, son hijas de personas con formación rígida, católica, lineal, que se limitaron a transmitir los prototipos de educación que, a su vez, recibieron de sus padres.
2) Las mujeres de los sesenta fueron receptoras, como sus madres lo fueron, de la utopía del príncipe azul y de los varios hijitos que serían el único medio y objetivo en la vida que les brindaría felicidad total y absoluta.
3) Las mujeres de los sesenta fueron demasiado jóvenes para participar en el movimiento hippie, en las protestas estudiantiles del 68 y 71 y en el movimiento de liberación femenina y sus padres fueron demasiados viejos para ser parte de los mismos, por lo que en su formación no hubo opciones adicionales a las establecidas por los cánones ya dictados y probados durante las seis décadas anteriores.
4) Las mujeres de los sesenta recibieron una educación en la cual no se esperaba grandes cambios en la sociedad, basándose en lo que había ocurrido en la sociedad mexicana hasta el momento y a partir de los primeros años del siglo veinte.
5) Exactamente lo mismo sucedió con los hombres de los sesenta.
6) Durante sus años de adolescencia y juventud temprana, las mujeres de los sesenta sí recibieron los beneficios ya probados y experimentados de los movimientos sociales antes mencionados, por lo que sus horizontes, esperanzas y expectativas cambiaron en unos cuantos años al entender la variedad de opciones que había para su futuro, convirtiéndose así en la generación 1 de mujeres mexicanas en probar las mieles y las tentaciones de la rebeldía y variedad cultural, política y social, de la liberación femenina y de la libertad
sexual.
7) Durante sus años de adolescencia y juventud temprana, los hombres de los sesenta recibieron exactamente lo que recibieron sus padres, una generación antes.

La problemática:

1) Las mujeres de los sesenta, siendo adultas jóvenes, y con dos mundos encima (el tradicional y la recientemente adquirida modernidad), al intentar relacionarse con hombres de su generación, encontraron paredes similares a las que sus padres impusieron a sus madres. Muchas reaccionaron con rebeldía, otras tantas reaccionaron con sumisión histórica.
2) Las mujeres de los sesenta, intentaron por primera vez en la historia de las mujeres en México, llevar de una manera decorosa, el papel tradicional de la madre y esposa mexicana y, al mismo tiempo, el papel de profesionista, trabajadora, ejecutiva y tomadora de decisiones. Todas lograron sortear el camino aunque la mayoría no lo hizo como lo hubiera deseado.
3) Los hombres de los sesenta no se encontraban, en ese momento, a la altura de los recientes eventos, ya que su educación, formación y expectativas de vida no habían sufrido cambio alguno en relación a las generaciones anteriores, por lo que el relacionarse con mujeres de su misma generación fue para ellos una experiencia que varió de lo desconcertante a lo desquiciante.

La teoría:

1) Si eres mujer de los sesenta y estás (o estuviste) relacionada sentimentalmente con un hombre de tu generación, una de las siguientes cosas se aplica a ti:
a) El matrimonio/la relación perduró por el gran esfuerzo y sacrificio que hiciste al honrar a tus antepasados pero no a ti misma.
b) El matrimonio/la relación valió margaritas puras al decidir tú que, para honras, las que te das como regalo de vida sin importar las consecuencias ni las opiniones ajenas.
c) El matrimonio/la relación siguió indefinidamente sin mayor atadura que un bonche (que van de dos a cinco) de hijos e intereses económicos en común, y cada uno de los integrantes de la pareja/matrimonio llevó a cabo su vida como pensó que debería ser.

La solución:

a) Para la gran mayoría de las mujeres que lean esto y no deseen entenderlo, seguir como van (con el detalle obvio que varias décadas después de los sesenta, los hombres de esa generación, o están casados o son gays o, por razones más que obvias, prefieren a las jovencitas de 17 y 18 años).
b) Para la minoría pensante, romper el esquema, no hacia arriba (un hombre mexicano mayor de cincuenta años es como tu abuelo en términos de formación, reacciones, formas de pensar y de actuar), sino hacia abajo, a la generación de hombres que sí recibieron las ventajas de la modernidad y que babean por mujeres mayores, interesantes, plenas, felices, satisfechas y realizadas.
c) Volverse lesbiana siempre es una opción de las mujeres insatisfechas en lo sexual, en lo social, en lo cultural y en lo económico.

Mi comentario:

Buena suerte. El camino no es fácil pero sí es satisfactorio.

Tere Chacón

Imagen: Fotografía de Helyn Davenport

Jaime Sabines (para niños/as)

Jaime Sabines (para niños/as)

AGUA

¿Cómo se escribe agua?
Se debería escribir haguah, jáguaj...
como el que tiene sed.



LA TERNURA EXISTE

La miel se cosecha todavía en las bodegas
y en los libros. La ternura existe.
Vamos a morirnos cada quien en su sitio
calladamente. No hay que darle importancia.



TÚ NO ESPERES

El viento de las horas
barre las calles, los caminos.

Los árboles esperan: tú no esperes,
éste es el tiempo de vivir, el único.