Blogia

El cartapacio del alecrán

Premisas de Occidente / Marcela Chacón

Premisas de Occidente / Marcela Chacón

...Ya que de centenarios hablamos: hoy imaginamos lo que será realidad en 100 años.  ¿Qué habrán imaginado nuestros abuelos?

1. Las cosas que me inculcó esta cultura a sobrevalorar: sexuar, sentirme bien, satisfacerme. Y a menospreciar: producir bienes con mis manos, la soledad y el silencio. De ahí que sienta que muero si carezco de lo primero o si tengo lo segundo.

2. ¿Un mundo desalentador y a punto de terminarnos a nosotros mismos y al planeta? Esa concepción –que tiene al mundo en activo- la heredamos de la magnífica pero egocéntrica cultura europea que enloqueció de poder con los bienes sustraídos desde el S. XVI de América, África y Asia para producir lujosas noblezas por un lado, y recursos sobrados para el posterior desarrollo industrial y financiero; que por cierto, viaja de retorno como crisis, pero del equilibrio ecológico.

3. El abuso y el crimen no tienen nunca justificación alguna, pero siempre en su génesis aparecen soterradas la castración y la crueldad. La castración de la infancia, y la crueldad de escindirse de la naturaleza.

4. La cultura que privilegia la acumulación de propiedad individual sobre el cuidado y preservación del bien común, está condenada a perpetuar la violencia.

5. Las ciencias biológicas se basan en la colección de especímenes para muertos, colecionarlos, diseccionarlos, analizarlos, estudiarlos y modificarlos. Si alguien permanece sentado enmedio de un bosque contemplando la belleza de su modesto orden, es un inútil....      ¿Quieren entonces que hablemos de las ciencias médicas?

6. ¿Qué ha sido de nuestros orígenes mesoamericanos, orientales y árabes?

7. La cultura llamada Occidental deprime porque tiene las siguientes premisas:

a) concibe al individuo separado de la naturaleza;

b) su placer reside en explotarla;

c) crecer significa negar a la madre, al padre, olvidar el origen para pretender, y

d) Ser consiste en ensimismarse: autodefinir el yo interminablemente.

8. Otra fractura importantísima: la indiferencia al mundo del conocimiento onírico, si acaso la imaginación surge como gran fruto, eso sí restringida, constreñida a la razón.

9. Pareciera que viene una hecatombe. Los últimos estudios que permiten construir registros sobre las modificaciones de la naturaleza en el remoto pasado señalan también que cada 400 años hay un ciclo de mayor agua y un reverdecimiento del planeta, es decir, que permite una época de gran riqueza agrícola. Y si lo de dentro sale afuera, y con el reverdecimiento de la Tierra reverdece ¿...qué más reverdecerá con ella? Una época de mucha agua, gran producción agrícola coincidió con el llamado Renacimiento...

10. Cada vez toma mayor fuerza la sentencia que mi abuelo le repetía a mi padre: ni creas todo lo que te dicen, ni repitas todo lo que escuchas.

11. Salvo algunos intentos aislados la ciencia, después de cientos de años no ha podido construir una visión articulada que dé cuenta de nosotros y nuestro lugar en el universo, al tiempo que devele las visiones religiosas o las populares engañifas baratas. Cada científico sentado en su potentado polvo de arena, lamentando la dificultosa especialidad de su enorme sabiduría...

12. En la cultura Occidental, si los jóvenes son estudiosos y cultivan su inteligencia, son nerds (¿?), si cultivan el deporte, son tontos o brutos (¡!) y si tenen ideales, son hippies cuando mejor, o dis-funcionales cuando peor (¡¿?!). Los jóvenes son los seres más audaces y admirables que conozco porque sobrevivien -mal que bien- una realidad que pretende arrebatarles todas sus esperanzas.

13. Hoy alguien me dijo: Para el imaginario de Occidente la felicidad no aparece en el trayecto, sino hasta el fin.

 

(English version)

1. Because of centenarians we are speaking: today we can really imagine what will be in 100 years from now. What our grandparents have guessed?

2. The things that this culture taught me to overestimate: sex, feeling well, satisfaction. And to despise: to produce goods with my hands, solitude and silence. Hence I feel dying if I lack one of the first ones, and also if I have the latter, too.

3. A world about to end disappointing and ourselves and the planet? This concept, which has the world on active we inherited from the magnificent, but self-centered European culture mad of power with stolen goods from the S. XVI of America, Africa and Asia to produce luxurious nobilities on the one hand, and resources for further industrial and financial development, which by the way, they are way back as a crisis, but of the ecological balance.

4. Abuse and crime never have any justification, but always appear buried in its genesis castration and cruelty. The castration of childrenhood, and the cruelty of break away from Nature. Culture that favors the accumulation of private property over the care and preservation of the common goods, is doomed to continued violence.

5. The biological sciences are based on the collection of dead specimens, collecting, dissect, analyze, study and modify them. If someone sits in the middle of a forest looking at the beauty of its modest order, is a lazy one .... You want me then to talk about medical science.

6. What happened to our Mesoamerican, Eastern and Arab origins?

7. Called Western culture is depressing because it has the following assumptions: a) the person is conceived separate from Nature, b) our pleasures lies in exploiting Nature, c) Maturity means to deny the mother, father, to pretend, and to forget the origin, d) To be is engrossed: self-define endlessly.

8. Another important fracture: indifference to the world of dream knowledge, if anything; in the better option the imagination emerges as a great fruit, albeit restricted, constrained to reason.

9. It seems that is near a catastrophe. It also seems that every 400 years there is a cycle of increased water and a greening of the planet, a time of agricultural wealth. And if what is inside it is outside and the earth grows green, what else with it? A time of great water, great agricultural production coincided with the Renaissance ...

10. In recent years, the sentence that my grandfather said to my father becomes more significant: do not believe everything you say, and neither repeat everything you hear

11. Except for some isolated attempts of science, after hundreds of years has not been able to build a coordinated approach to account for ourselves and our place in the universe, while desmitify the religious views or cheap belives. Each scientist sitting in thier sand tiny dust, lamenting the special difficulty of their vast wisdom ...

12. In Western culture, if young people are students and cultivate their intelligence, they are nerds (¿?), if they practice sports: silly or gross (!) And if they have ideals, they are hippies at best, or at worst dysfunctional (¡¿?!). Young people are the most daring people I know because they survive a reality that seeks to take away all their hopes.

---

13. Today someone told me: For the imagination of the Westerns, happiness is not in the path, until the end.

Arquitectura para la vida / J. M. Calero

Arquitectura para la vida / J. M. Calero

¡Arquitectura para la vida!



En la actualidad no es posible definir un estilo arquitectónico que englobe tal quehacer. Los principios estéticos clásicos que llevaron una controlada línea de evolución histórica se encuentran dispersos en un presente caóticamente ecléctico.

Pensemos en una gráfica en donde el comienzo podría ser la arquitectura nómada avanzando en el tiempo hasta la actualidad. La producción arquitectónica se podría catalogar linealmente hasta el tiempo de la industrialización o el modernismo.

Actualmente esta línea se ha ramificado gracias a la amplitud de las variantes de materiales además de las técnicas y constructivas. Podríamos decir que el eclecticismo actual representa un caos estilístico en la arquitectura contemporánea.

Este caos no es solamente propio de la arquitectura. Nuestro tiempo se representa por un gran caos que se interrelaciona y comienza a afectar nuestro planeta, como un cáncer, y por ende a cada ser vivo. Vivimos un tiempo necesitado de planteamientos utópicos que promuevan la esperanza colectiva en orden hacia un cambio radical que pretenda un reequilibrio armónico que mitigue el caos.

De un tiempo a la fecha gracias a la participación de personas de orígenes multidisciplinares y comprometidas con la tarea de definir los principios del caos para plantear soluciones. Se ha comenzado a hablar de ecología, medio ambiente y sostenibilidad. Entre tantos más éstos conceptos promueven un cambio de actitud y pensamiento en cada una de las tareas del ser humano.

Existe un fuerte movimiento que plantea reencontrar los valores naturales o de la naturaleza para mitigar paulatinamente los acelerados patrones de consumo que refleja nuestra sociedad desde distintas escalas desde el consumo de terrenos hasta el consumo personal. Se habla de una nueva ética medio ambiental que promueva la equidad y recrimine los derroches y desperdicios que afecten el ambiente.

Nos hemos dado cuenta los humanos que la era industrial desencadenó una furiosa línea de evolución que alimenta una fuerte inercia y nos llevará a la muerte de nos ser frenada paulatinamente.

Entendiendo lo anterior esta tesis buscará unificar conocimientos esenciales para promover soluciones prácticas desde el campo de la arquitectura, necesidad primaria para los seres vivientes. La arquitectura continuará existiendo mientras viva la especie humana.

Si comparamos la arquitectura en las mega-ciudades con la arquitectura rural entenderemos que la arquitectura rural forma lazos más armónicos con su medio y que la arquitectura citadina es más enfermiza. ¿Por qué? Si comparamos la evolución arquitectónica en las ciudades con una bola de nieve que comenzó hace décadas veremos que en las ciudades la bola se ha convertido en una monstruosa avalancha difícil de controlar.

Debemos recuperar los valores esenciales naturales. Evitar el consumo desmedido que obliga en la actualidad a las personas a depender de las grandes empresas productoras y vendedoras de energía. ¡Reforzemos el rumbo de la arquitectura autónoma!

Pensemos en una arquitectura para la vida, así como recordar para quién se hace la arquitectura. Promovamos sociedades libres y no endeudadas. Debemos promover la vida y la libertad.

Todo ser humano nace libre, la ineficacia de los sistemas sociales van limitando dicha libertad hasta encasillarlo a una vida de trabajo ¿para que? Para pagar hipotecas; asumir deudas; pagar teléfono; gas; agua; y también internet.

Es importante que la arquitectura reecnuentre su vía para resolver armónicamente las necesidades humanas energéticas: el sol, el viento, la lluvia, el agua de deshielo, la tierra y su cultivo. Sus habitantes seríamos más libres y promoverían su protección y cuidado.



Arquitecto José Mario Calero Vizcaíno
Doctorando UPC, Barcelona, España
Escuela Técnica Superior de Arquitectura
ENERGÍA Y MEDIO AMBIENTE EN LA ARQUITECTURA

¡Sabiduría, Salud y Corazón!...

No hay publicación por el momento

No tenemos ningún testimonio que presentar, por lo pronto.

Cozumel no existe / Marcela Chacón Ruiz

Cozumel no existe / Marcela Chacón Ruiz

Amo ver el mar del caribe, su verde esmeralda y azules intensos.

Recuerdo Cozumel, su tibieza uterina. Si me sumergía, con los ojos abiertos miraba una pequeña mantarraya oscura agolpar suavemente sus alas en la arena para esconderse de mí, o brevísimos peces, en miriada casi transparente, excepto por un largo trazo como de tinta china que los surcaba de extremo a extremo; y sus ojos.

Es decir, veía una larga gaza de puntos y rayas ondulándose y orientándose según mi movimiento. Al surgir del agua, un agradable calor quemante deslumbraba la mirada colgando de mis pestañas gotas fragmentando la luz del horizonte; otras, pequeñas y cálidas, resbalaban por mi cuerpo dejando a su paso diminutos granos de arena sobre mi piel.

Hace muchos años de esto. La playa entera olía a respiración marina. Con mi espontáneo amigo del hotel –que sólo vi esos cuatro días de vacaciones– perseguí pequeños cangrejos para coleccionarlos en un vaso y sorprendernos con sus ojos inesperadamente puestos en la punta de sus antenas; asombrados por los intensos colores de sus caparazones. Sí, los dejamos escapar. Seguramente empezaba ya en nuestras venas un inadvertido pulso en favor de la conservación de la diversidad de las especies. En el restaurante comimos tortuga –exquisita–, todavía no lo prohibían. Vuelta a la mar, a la alberca y de ahí a la playa a correr, a tatuar el arena o qué sé yo.

Qué plenitud. Qué sueño gentil entraba ya en la tarde por mi cuerpo recostada en un catre mientras el sol desaparecía lentamente al fondo de la llanura de azules ya oscurecidos y móviles. La risa de mi madre y carcajada de mi hermano –entonces un muchacho; el imparable mar, hablando, roareando su memoria y abrazo.

Me pertenecía Cozumel. O yo pertenecí a Cozumel. O al mar, más bien dicho.

¿O nosotros a la playa? ¿al caribe? ¿al planeta entero? Lo cierto es que Cozumel así se fue, hasta muchos años más tarde que volví.

¿Será que las costas o las islas son vórtices de lo inefable? Sitio donde el agua deviene en tierra y al revés: la escama en pelo, lo dulce en salado, la piedra en polvo, los huevos en semillas, las protuberancias calcáreas en troncos y hojas, las anémonas en plántulas, y ellas en palmeras, cocos, anfibios en peces y éstos en aves. Y de regreso: el manglar en costa, la costa en estero, en agua verde y cada vez más más verde y profunda. Sí, adormilada perdí mis límites en el atardecer, mecí mi cuerpo de niña en un sueño de agua primera. En la orilla, los perímetros desvanecen la consistencia. ¿Será por eso que en las costas la gente habla y las palabras se les derraman abiertas, cuajadas de sonoras vocales? La incandecencia del sol hace el contrapeso: la piel, el cuero, curtido para tornarse costra-caparazón, y endurecer el continente y así no diluirse en el agua salada. En la orilla uno se vuelve orilla. En Cozumel o Tulum, Maruata o La Ventana, Ferrabá, Marsa Maruth y Bondi, Brighton o Anse Soleil, porque la orilla, transmuta y tú, en ella.

Mientras no fui a Cozumel, la isla dejó de existir. Es más, no está ahora que vivo en esta tierra firme, húmeda y verde; no está en México. Oye –me dirás- pero quién te crees... ¿No existe porque no la vives tú? ¿Y todos los habitantes de la isla? Es más: la isla sin habitantes si quieres, sin uno solo: ahí está entera y quieta, enorme pedazo de suelo lamido una y otra vez por el agua de mar que le rodea, pululante de increíbles insectos, peces, aves. Y hasta lo que no se ve, la transparencia del aire y las substancias que lo conforman.

Y no lo puedes negar –me dices– atraviesan esta isla, ductos de drenajes y cables, también las construcciones de cemento. Caminos. Rejas. Letreros. Banquetas. Autos. Ahí está Cozumel. Claro que está.

Ok, sale, te contesto.

No llega aún a Cozumel, pero sí el mar del Golfo está enchapopotándose cada día más, con una inefable inmensa mancha ingenua que mana, que no sabe ni porqué salió de su lugar. Abraza con aceite negro y espeso todo lo que toca, ajena de sí en ese líquido ligero, vital y poblado. Su noche cerrada huele ácido, penetrantemente acre, a entraña de infierno abierto y pastoso que se unta en cada grano de coral y arena, cada pasto, roca, en cada minúsculo ser que encuentra y toca.

No más comentarios.

Mis 23 puntos, por Marcela Chacón

Mis 23 puntos, por Marcela Chacón

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1. Nací el 4 de noviembre a las cuatro de la mañana, en la sala cuatro, soy la cuarta hija y mi segundo nombre es Sara, por tener cuatro letras. El cuatro para mí es un ícono.

2. Creí que moriría al cumplir los 40, luego los 44... y luego los 48. No morí hasta hoy, y estoy muy contenta.

3. Desde la infancia, la enfermedad me enseñó que la muerte es natural.

4. No hay nada que me guste más hacer, que escribir lo que se me antoja y volver cada vez más precisa y clara mi expresión.

5. Sin embargo, estar alerta cada instante me es más pleno que escribir.

6. La mirada cruda y compleja sobre lo real en mi juventud me llevó a dimensiones indecibles –porque ahí, se carece de lenguaje– se constituyó en mi campo de batalla, luego, en sendero que dio hermosos frutos a mi existencia.

7. Hay tres cosas que me son imprescindibles para estar bien en el día a día: café, música, y largos ratos de solitud.

8. He amado apasionada y deliciosamente, en cuerpo y alma.

9. Severa y racional conmigo misma, por duelo amoroso me autoexilié años. ¡Qué exceso de lecturas románticas europeas...!

10. Considero que ser madre es una decisión, no una condición. Y un viaje maravilloso.

11. A estas alturas del partido, me siento un armadillo, con caparazón, pezuñas, medio ciega y toda la cosa.

12. Sé volar, pero lo olvidé y quiero recordarlo.

13. Poseo un olfato privilegiado. Pronostico la lluvia, adivino quién se boleó los zapatos o fue al dentista hace una semana -información muy útil, como puede apreciarse-, me ponen de mal humor los perfumes y afeites baratos. Por el olor, reconozco cuándo está listo un pastel o guiso; huelo el enojo, el abatimiento y la felicidad en los otros (se relaciona con la temperatura y color de la piel, también). Los olores me vuelven loba o cordero.

14. Extraño cocinar desde el mediodía en colectivo de amigos, buena música y alcohol. Y hacer la sobremesa hasta componer el mundo entero...

15. Cuando a los 18 años desde un avión y porque seguíamos al sol, contemplé un rojo atardecer durante varias horas, concluí que tal visión privilegiada daba por buena mi existencia entera. De entonces al día de hoy, he vivido 275,208 horas de regalo.

16. Me vivo en un medioevo postmoderno: la riqueza basada en la desinformación y manipulación masiva, la alimentación de quinta y pseudomedicina megamonopolios, la inmensa brecha habida entre ricos y pobres. Imagino un renacimiento.

19. Mis batallas que no terminan: contra argumentar mis prejuicios y romper día a día el hábito de estar quieta.

18. El equilibrio de la naturaleza, mi hijo, algunos libros y la experiencia me han enseñado que el ser humano tiende al bienestar, que incluye la bondad. Y que en los humanos, la teoría del más fuerte sigue siendo una justificación de quienes no se hacen responsables de sus actos.

19. Vivo a los árboles como seres con forma de enormes pulmones que conectan la tierra con el cielo: un lado enterrado, el otro asido al cielo abierto. Conforme los cortamos, separamos los amarres y vínculos vitales. Pretendo cuidar los que tengo alrededor y plantar tantos como pueda ver crecer.

20. Todavía me deslumbra tomar conciencia. Me maravilla ese poder humano.

21. He vivido experiencias que no pueden explicarse con el razonamiento habitual, el precario logro ha consistido en que cada vez las integro con mayor naturalidad a mi vida diaria.

22. Fue un alivio haber aprendido a no darme importancia y saberme prescindible.

23. Por experiencia propia, estoy convencida de que recordar la sencilla congruencia de la infancia, devuelve al camino y la esperanza.

¿Qué hacer? Cuatro puntos sobre el derrame en el Golfo de México

¿Qué hacer? Cuatro puntos sobre el derrame en el Golfo de México

por Marcela Chacón

 

La situación del derrame en el Golfo de México es muy preocupante.

Sin decir aquí una sola palabra sobre las consecuencias de este suceso para la naturaleza ahí viva y de su entorno, así como lo que podrá arrojar al corto plazo para México y el mundo, me parece importante poner en la mesa lo siguiente:

Es encomiable la tarea que está haciendo una organización Eco Azul con Matter of Trust para “recolectar” el petróleo. Sin embargo:

1. El proyecto está planteado para actuar de manera individualizada, lo que –ante la dimensión del problema- es en mi humilde opinión, ingenuo.

2. Se requiere que las instituciones gubernamentales y privadas mexicanas delineen un plan de acción para coordinar el trabajo colectivo. Desde ahí, coordinarse con el gobierno norteamericano. Tener a las personas trabajando de manera voluntaria en una playa me parece totalmente fuera de proporción.

3. Si se requiere colectar cabello y demás, necesitamos hacerlo para resguardar las playas mexicanas que tienen los manglares y dunas de importancia estratégica para toda la cuenca del Golfo -no en balde han sido decretadas Ramsar, en su mayoría. Es decir, comenzar a almacenar para trabajar cuando llegue a México. Los norteamericanos tienen que poner a trabajar a su población. Así seremos más.

4. Se requieren ideas para que esa grieta deje de manar. Sugiero que se piense en bombear el petróleo a las plataformas petroleras más cercanas. O, al parecer más inmediato y recomendable, se habla de detonar nuclearmente el hoyo de donde brota imparablemente el crudo. Debe pararse ya. Esto, es lo más importante: cerrar la llave. Ya.

 

Foto tomada de: http://www.ylje.com/1437/oil-spill-gulf-of-mexico-2010-updates-up-to-756000-gallons-of-oil-recovered-daily/

1984 / Marcela Chacón

1984 / Marcela Chacón

Las cosas continuan cambiando imperturbablemente. De día, en la noche, en los sueños, en la quietud de las semanas, todo ahí modificándose de manera imperceptible. Como las nubes en el cielo pero con materiales diversos, antagónicos. No para. Cuando una pareja sirve dos tazas de café y la hojarasca se pudre en la tierra.



Se desea permanecer con "alguien" hasta que la muerte disponga lo contrario por el sencillo deseo de verse consumido en el otro, consumidos en la existencia.



El hombre pertenece a su mundo. La mujer al suyo, pero también al de él ya que debe poseerlo para subsistir; de ahí, la debilidad de ellos ante el mundo femenino.

¿Anatomía o Destino? / Christian Olivier

¿Anatomía o Destino? / Christian Olivier

Si la travesía del Edipo es radicalmente diferente en un sexo y en el otro, siguiendo el itinerario de un niño hasta la edad adulta, deben encontrarse marcas específicas en cada sexo.

Importa examinar, pues, las etapas precoces de la infancia, para saber si las recorren de la misma manera los dos sexos.

¿Qué vemos a este respecto? ¿Qué sabemos? ¿Qué queda como huella en la edad adulta de este frente a frente con la madre? ¿Qué dicen de esto el hombre y la mujer cuando pueden hablar de ellos con el psicoanalista? ¿Se encuentra éste en condiciones apropiadas para reconocer en las expresiones y pensamientos del adulto la marca de esta relación primera con la madre? ¿No es él, acaso, tal vez el único que puede observar hasta qué punto la huella del Edipo está siempre presente, aunque marque de manera diferente al hombre y a la mujer? Si Freud dijo, parafraseando una expresión de Napoleón: “La anatomía es destino”, otro psicoanalista escribió recientemente: “La anatomía no es en verdad el destino. El destino proviene de lo que los hombres hacen con la anatomía” (Robert Stoller).

Si el descubrimiento principal de Freud consiste en haber probado que la sexualidad del adulto depende de la del niño, su mayor insuficiencia es la de no haberse interrogado bastante sobre la interferencia del sexo del niño con la del adulto educador.

Ya hemos visto que la anatomía de uno y otro desempeña un papel decisivo en el establecimiento de la primera relación, y sabemos que esta relación es el modelo de todas las que advendrán en la vida de un individuo. El futuro de cada uno depende, sí, de su anatomía; pero sobre todo de lo que el adulto educador (en general, la madre) hace con esta anatomía.

¿Y que es lo que esta educadora hace de modo tan diferente con un sexo y con otro? ¿Y cómo le responde el niño de su más temprana edad? Preguntas que se plantean, preguntas a responder, examinando el comportamiento de niños y niñas en las etapas más primitivas de la infancia, llamadas pregenitales.

Etapa oral y relación de objeto

Al comienzo de su existencia, el bebé parece llevar una vida vegetativa, lo más parecida posible a la vida uterina: busca ante todo llenarse y dormir. Parece no poder dormir si no está lleno; es como la continuación de su larga vida uterina, durante la cual vivió, casi siempre dormido, lleno y rodeado por el líquido amniótico por el cual se encontraba entonces bañado. Su boca entreabierta no conocía todavía el “vacío”, como tampoco lo conocía su tubo digestivo (que está probado que funciona in utero, pues el niño deglute y digiere, y después excreta al nacer el contenido de su intestino: el meconio).

Es decir que el niño, cuando nace, ignora absolutamente “el vacío” y va a tratar de paliarlo por todos los medios: succionando su mano, sorbiendo el borde de su envoltorio, no importa cómo, con tal de que haya algo en esa boca habituada al “lleno”.

Por supuesto, la ingestión de alimento parece el momento ideal en que se restablece la continuidad primitiva entre el exterior; es el momento más intenso de la vida del lactante. Pero al mismo tiempo que él mama, no puede evitar interiorizar y colmarse con todo el contexto maternal que acompaña a la lactancia. toda la “Gestalt” materna penetra en él: el olor, el calor, la tonalidad de la voz. El niño hace suyo todo lo que le viene de su madre (o de quien se ocupe de él), pues en esta época precoz de su vida, no distingue todavía su “persona” de la del “otro”. El bebé introyecta, pues, mucho más que el alimento. La prueba nos la aporta el síndrome del hospitalismo, provocado por la ausencia brusca de la educadora habitual del niño: a pesar de que a éste se le prodigan todos los cuidados que él ya conoce, el niño no “se” reconoce más, como consecuencia de haber perdido el contexto materno que le era propio. Parece haber extraviado una parte de sí mismo, y sufrir esta pérdida que aparentemente sólo es exterior.

El niño desde sus primeros meses se vuelve dependiente del amiente creado por su madre, y cómo esta madre, según sea, más o menos amorosa, más o menos deseadora, establecerá al niño como más o menos amado, más o menos deseado.

La cualidad del amor parental en esta época de la vida, generará la calidad del amor al propio yo o narcisismo, que es la base de la confianza en sí mismo y del impulso libidinal de vivir que tendrá el adulto futuro.

El comportamiento de la madre, condicionado por sus propios sentimientos inconscientes con respecto a su bebé, será el elemento inductor del comportamiento de éste. ¿Qué vemos en las madres frente a niños de sexo diferente, en esta primera etapa oral? ¿Cambia el comportamiento de la madre según el sexo del niño?

Las niñas suelen ser destetadas antes que los niños. Se les suprime el biberón a las niñas al duodécimo mes, en promedio, mientras que a los varones a los quince meses.

La mamada es más prolongada para los niños: a los dos meses, dura cuarenta y cinco minutos, contra veinticinco minutos para las niñas.

Según estas investigaciones científicas sobre el niño muy pequeño, la madre le otorgaría más beneficios al varón que a la niña. ¿Lo registra el niño? ¿Cuáles serán las respuestas de las niñas y niños frente a estas diferencias maternales?

En un grupo estudiado aparecieron trastornos de la nutrición en un 94% de las niñas (lentitud, vómitos, caprichos) y sólo un 40% entre los niños. Estos trastornos aparecieron a partir del primer mes en el 50% de las niñas, que conservaron escaso apetito hasta los 6 años; mientras que las dificultades de este tipo aparecieron tardíamente en los niños varones y se expresaron por caprichos.

Se advierte pues, que la niña parece tener algunos “altercados” precoces con su madre, en todo caso en mayor medida que el varón; y si prestamos un poco de atención, encontraremos en la vida de las mujeres, la huella de esta oralidad mal vivida desde un comienzo: la anorexia, la bulimia, los vómitos, suelen ser síntomas más femeninos que masculinos.

En el diván del psicoanalista, las expresiones de las mujeres referentes al “vacío” y al “lleno” no son menos significativas de las dificultades orales por las que tuvieron que atravesar durante la primera relación con la madre. Veamos algunos rastros que a veces se nos transmiten:

“Yo ‘me trago’, tengo la impresión de tragarme todo lo que me dice mi madre, y no puedo defenderme de ella, ni de las cosas desagradables que me dice, es terrible el mal que me hace…”

“Yo “devuelvo” todos los días; siempre he devuelto, desde que era niña, como, y enseguida voy a devolver, y entonces me siento mejor, limpia, vacío, en suma”.

“De golpe se me hace indispensable comer, cualquier cosa, no importa qué ni cómo, pero es necesario que ‘me replete’ hasta ya no poder más. Sé que después me dará vergüenza, pero mientras esté repleta, ya no me siento angustiada, me encastillo en sentirme repleta”.

“Acá en el consultorio no sé lo que digo, pero lo que sé es que me ‘alimento’, con usted tengo la impresión de ‘alimentarme’… ¿de qué? ¿de aire de esta pieza? ¿de usted?”.

“Cuando usted me habla me siento tan contenta, ‘bebo’ sus palabras, a veces me doy cuenta de que no sé lo que usted me dice, únicamente escucho el sonido de sus palabras”.

Estas son frases dichas por pacientes totalmente diferentes en cuanto a sus síntomas, su edad, su situación social. Aparentemente nada tienen en común, como no sea esa hambre dramáticamente “oral”, transpuesta de mil maneras diferentes hasta la restitución por el temor de haber ingerido algo malo. En cambio nunca encontré lo mismo en los hombres, jamás me dijeron nada parecido; al parecer, la desesperación “oral” no es cosa de ellos, pues recibieron un biberón perfecto donde el deseo servía de perfume a la leche nutricia. El hombre se situará en otra parte, en el furor “anal” por defender su persona. Ese es su lugar: la pelea.

Es así que el exceso de “vacío” y el deseo de “lleno” conducirán a la mujer a la cocina, donde reinará entre el refrigerador y el horno, pasando por el sumidero… Y allí, nadie lo dude, todo el mundo le gritará “bravo” y alabará a la señora por su oralidad. Nadie tratará de apartarla de allí; por el contrario, se le asegurará que ése es su lugar para toda la eternidad, su único reino, su gobierno seguro sobre los suyos. ¡Qué impostura, qué círculo infernal, en que las madres alimentan a familias enteras a fin de alimentar por vía indirecta a la hija hambrienta que ella fue!

Por un fenómeno de proyección, cada mujer imagina a los otros como ella, es decir: hambrientos, y se cree obligada a alimentarlos hasta la saciedad, porque ella misma es insaciable. La vida de las mujeres es una extraña cohabitación entre un interior desprovisto y vacío u un exterior magnánimo.

Parece haber entre las mujeres una confusión entre “amar” y “alimentar”. ¿De dónde pueden haber sacado esta extraña equivalencia interior? Evidentemente, del hecho de que se sintieron mal alimentadas, por haber sido mal amadas por una madre que no las deseó. El biberón, para ellas, estaba vacío, porque no tenía el gusto “del deseo”; un biberón lleno de leche pero vacío de deseo, porque lo daba una mujer del mismo sexo que la niña.

De mal alimentada a mal amada no hay más que un paso, que la mujer da sin muchos rodeos, como vemos cuando nos dice, para hablar de sus juegos nocturnos:

“Su sexo ‘me da miedo’; tengo miedo de que sea demasiado grande, esto me resulta amenazador; tengo miedo de que penetre demasiado lejos en mí y que me duela”.

“A mí me gustan los jugueteos previos, yo quisiera que todo ocurriera en la superficie, porque desde que él penetra, yo me cierro y entonces ‘me duele’”.

“Yo no puedo hacer el amor como él quiere: sin decir nada, sin ternura; yo necesito palabras, caricias, sentirme amada, ‘lo demás me importa un rábano’, eso queda para él”.

Antesala de la frigidez como rechazo que viene del “otro”, asimilado a lo que vino de una mala madre, y que aparecía como nocivo y peligroso. en todos estos casos, el sexo y su portador son vistos como fundamentalmente “dañinos”.

Frigidez oral, frecuente en las mujeres que, por no haber podido tomar a su hombre por una buena madre, transfieren a él todas sus fantasías destructivas, y no tienen otro recurso para borrar su pasado catastrófico, que emprender un análisis. Una historia puede borrar otra, pero no es sin graves dificultades que una imagen nueva podrá sustituir a la que está tan profundamente arraigada y es tan antigua.

Sin embargo, mientras no se restañe esta primera relación con la madre, no hay ninguna posibilidad de lograr éxito en una segunda con quienquiera que sea, y la heterosexualidad, extraña a la vida de la niña, seguirá siendo muchas veces ajenas a la vida de la mujer.

Entre la cuna y la noche de bodas suelen inscribirse la anorexia de la niña (negativa a comer, a llenarse) o la bulimia (necesidad excesiva de comer para evitar sentirse vacía), síntomas todos que se encuentran más específicamente en las mujeres, indicándonos en ellas una relación conflictiva con la alimentación que puede reaparecer bajo distintas formas, y que no tiene equivalente en el hombre con parecida frecuencia, ni de niño, ni de adolescente, ni de adulto.

Hacia los diez o doce meses se sitúa en los niños el comienzo de la comunicación. Esta edad sigue inmediatamente a la etapa del espejo (siete u ocho meses), en que el niño se diferencia por fin de su madre y abandona definitivamente su simbiosis con ella: descubre, al verla al mismo tiempo que él no es ella, que está solo e independiente de la madre. El niño se vuelve hacia ésta, que lo tiene en brazos, le palpa el rostro, le toca la nariz y comprende que todo eso no es de él. Nunca más el niño retornará al TODO con su madre (salvo en casos de psicosis).

Al realizarse como solo, el niño va a volverse mucho más sensible ante la ausencia de su madre o de quien se ocupa de él. Si al comienzo de su existencia el bebé gritaba por sentirse materialmente incómodo, o porque tenía hambre, a partir de la etapa del espejo aprende a llorar por la ausencia de su madre sentida como carencia. la palabra no demorará en llegar, en forma de onomatopeyas cada vez más precisas y codificadas por el medio familiar, y más tarde el niño aprenderá a significar su deseo por medio de palabras.

De ese modo, partiendo del “grito”, significación de la insatisfacción física, el niño llega rápidamente al nivel más elevado de la comunicación: el lenguaje.

Aparece aquí de nuevo una disparidad evidente entre los dos sexos, ya que la niña, a la misma edad y con la misma inteligencia, habla mucho más pronto que el varón: este hecho está considerado normal en todos los tratados que versan sobre la infancia ¿pero es tan evidente? y ¿con qué se puede vincular?

Si el llamado grito tiene por función señalar la percepción del apartamiento de la madre, y el deseo de establecer el lazo con ella, es significativo que después de haber llorado más en los primeros meses de vida, las niñas se pongan a hablar antes, testimoniando una “ausencia”, una “distancia” a franquear par volver a unirse con la madre, que no existe en el varón de la misma edad.

En efecto, el niño no siente la angustia de una soledad que no conoce, puesto que estuvo sostenido desde su nacimiento por la fantasía maternal de la integridad, que hizo de él un objeto narcisista que se siente cómodo allí donde está, tal cual es.

Por lo tanto, si la niña habla más temprano es porque no está sumergida en el mismo sentimiento de comodidad, porque no tiene a nadie que la vea como completamente ella, porque su padre no suele ser su asiduo cuidador. Habla antes porque se siente sola y quiere restablecer un lazo con la madre que no esté sentido como interior, y por lo tanto va a tener necesidad de hablarle para recibir una respuesta exterior que contrarreste su falta de imagen narcisista interior.

Así, es posible ver delinearse ya desde la infancia las diferencias que marcarán el lenguaje del hombre y de la mujer: uno, precoz, tiene por función establecer un vínculo con el otro, dejar una distancia que se siente insoportable: es el lenguaje femenino, que colma el vacío, que busca las similitudes, que persiguen el asentimiento (el cual, por provenir del padre, el ha faltado siempre a la niñita). Por algo suele decirse que las mujeres conversan exageradamente. Mientras el lenguaje masculino tardío, es la manifestación misma de la distancia que debe mantener con el otro; y suele estar desprovisto de efectividad y de angustia. El hombre se atiene a trivialidades de orden muy general y poco comprometedoras. Bien sabemos que no busca la comunicación profunda, que al parecer conoció con su madre y le sirvió para el resto de sus días… Pero volveremos más adelante sobre este importante problema de la palabra en uno y otro sexo, pues es muy necesario que se discuta, que se lo explique de otro modo que como una mera negativa de cada sexo de escuchar al otro. Por ahora, retengamos simplemente que la precocidad del lenguaje de la niña no es necesariamente sino de una evolución feliz.

Por otra parte, lo que dicen muchas mujeres es probatorio:
“Si dejo de hablar, tengo miedo de que usted descubra que no soy nada”.

“Si yo le permitiera al silencio instaurarse, ya no podría franquear la distancia entre usted y yo, y eso me da miedo”.

En cambio, entre los hombres se oye decir:

“No sé por qué estoy acá. No tengo nada qué decirle, nada que desee compartir con usted”.

“¿Cómo hacer para que ELLA no sepa? Imposible; aunque no diga nada, lo adivina. Puedo irme hasta el fin del mundo, y lo mismo sabrá todo acerca de mí. Es terrible esta habilidad que tiene para pegárseme”.

Diferencia radical entre la necesidad del hombre y la mujer: diferencia que estriba la distancia a conquistar en el caso del hombre, en unirse en el de la mujer; tal es la marca del lenguaje de Yocasta en cada uno de nosotros.

También aquí hubiera sido indispensable el padre, tanto para su hijo como para su hija, pues habría restablecido el equilibrio merced a su proximidad con la hija y a su distancia con el hijo.

Oficio de padre cuya necesidad jamás fue ecarecida, mientras que “el oficio” de madre llena las columnas de nuestros periódicos y publicaciones diversas.

Tomado de Christian Olivier. Los hijos de Yocasta. México, F.C.E., 1988.