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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2004.

Jaime Sabines (para niños/as)

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AGUA

¿Cómo se escribe agua?
Se debería escribir haguah, jáguaj...
como el que tiene sed.



LA TERNURA EXISTE

La miel se cosecha todavía en las bodegas
y en los libros. La ternura existe.
Vamos a morirnos cada quien en su sitio
calladamente. No hay que darle importancia.



TÚ NO ESPERES

El viento de las horas
barre las calles, los caminos.

Los árboles esperan: tú no esperes,
éste es el tiempo de vivir, el único.

01/10/2004 20:19 #. POESíA / POETRY No hay comentarios. Comentar.

Las mujeres de los sesenta

sesentas.jpg
"...Esta tarde, pensando todo esto frente a una ventana lúgubre donde cae la nieve, con más de cincuenta años encima y todavía sin saber muy bien quién soy, ni qué carajos hago aquí, tengo la impresión de que el mundo fue igual desde mi nacimiento hasta que los Beatles empezaron a cantar. Todo cambio entonces. Los hombres se dejaron crecer el cabello y la barba, las mujeres aprendieron a desnudarse con naturalidad, cambió el modo de vestir y de amar, y se inicio la liberación del sexo y otras drogas para soñar. Fueron los años fragorosos de la guerra de Vietnam y la rebelión universitaria. Pero, sobre todo, fue el duro aprendizaje de una relación distinta entre los padres e hijos, el principio de un nuevo diálogo
entre ellos que había parecido imposible durante siglos..."

Gabriel García Márquez


La realidad:

1) Las mujeres de los sesenta, en su mayoría, son hijas de personas con formación rígida, católica, lineal, que se limitaron a transmitir los prototipos de educación que, a su vez, recibieron de sus padres.
2) Las mujeres de los sesenta fueron receptoras, como sus madres lo fueron, de la utopía del príncipe azul y de los varios hijitos que serían el único medio y objetivo en la vida que les brindaría felicidad total y absoluta.
3) Las mujeres de los sesenta fueron demasiado jóvenes para participar en el movimiento hippie, en las protestas estudiantiles del 68 y 71 y en el movimiento de liberación femenina y sus padres fueron demasiados viejos para ser parte de los mismos, por lo que en su formación no hubo opciones adicionales a las establecidas por los cánones ya dictados y probados durante las seis décadas anteriores.
4) Las mujeres de los sesenta recibieron una educación en la cual no se esperaba grandes cambios en la sociedad, basándose en lo que había ocurrido en la sociedad mexicana hasta el momento y a partir de los primeros años del siglo veinte.
5) Exactamente lo mismo sucedió con los hombres de los sesenta.
6) Durante sus años de adolescencia y juventud temprana, las mujeres de los sesenta sí recibieron los beneficios ya probados y experimentados de los movimientos sociales antes mencionados, por lo que sus horizontes, esperanzas y expectativas cambiaron en unos cuantos años al entender la variedad de opciones que había para su futuro, convirtiéndose así en la generación 1 de mujeres mexicanas en probar las mieles y las tentaciones de la rebeldía y variedad cultural, política y social, de la liberación femenina y de la libertad
sexual.
7) Durante sus años de adolescencia y juventud temprana, los hombres de los sesenta recibieron exactamente lo que recibieron sus padres, una generación antes.

La problemática:

1) Las mujeres de los sesenta, siendo adultas jóvenes, y con dos mundos encima (el tradicional y la recientemente adquirida modernidad), al intentar relacionarse con hombres de su generación, encontraron paredes similares a las que sus padres impusieron a sus madres. Muchas reaccionaron con rebeldía, otras tantas reaccionaron con sumisión histórica.
2) Las mujeres de los sesenta, intentaron por primera vez en la historia de las mujeres en México, llevar de una manera decorosa, el papel tradicional de la madre y esposa mexicana y, al mismo tiempo, el papel de profesionista, trabajadora, ejecutiva y tomadora de decisiones. Todas lograron sortear el camino aunque la mayoría no lo hizo como lo hubiera deseado.
3) Los hombres de los sesenta no se encontraban, en ese momento, a la altura de los recientes eventos, ya que su educación, formación y expectativas de vida no habían sufrido cambio alguno en relación a las generaciones anteriores, por lo que el relacionarse con mujeres de su misma generación fue para ellos una experiencia que varió de lo desconcertante a lo desquiciante.

La teoría:

1) Si eres mujer de los sesenta y estás (o estuviste) relacionada sentimentalmente con un hombre de tu generación, una de las siguientes cosas se aplica a ti:
a) El matrimonio/la relación perduró por el gran esfuerzo y sacrificio que hiciste al honrar a tus antepasados pero no a ti misma.
b) El matrimonio/la relación valió margaritas puras al decidir tú que, para honras, las que te das como regalo de vida sin importar las consecuencias ni las opiniones ajenas.
c) El matrimonio/la relación siguió indefinidamente sin mayor atadura que un bonche (que van de dos a cinco) de hijos e intereses económicos en común, y cada uno de los integrantes de la pareja/matrimonio llevó a cabo su vida como pensó que debería ser.

La solución:

a) Para la gran mayoría de las mujeres que lean esto y no deseen entenderlo, seguir como van (con el detalle obvio que varias décadas después de los sesenta, los hombres de esa generación, o están casados o son gays o, por razones más que obvias, prefieren a las jovencitas de 17 y 18 años).
b) Para la minoría pensante, romper el esquema, no hacia arriba (un hombre mexicano mayor de cincuenta años es como tu abuelo en términos de formación, reacciones, formas de pensar y de actuar), sino hacia abajo, a la generación de hombres que sí recibieron las ventajas de la modernidad y que babean por mujeres mayores, interesantes, plenas, felices, satisfechas y realizadas.
c) Volverse lesbiana siempre es una opción de las mujeres insatisfechas en lo sexual, en lo social, en lo cultural y en lo económico.

Mi comentario:

Buena suerte. El camino no es fácil pero sí es satisfactorio.

Tere Chacón

Imagen: Fotografía de Helyn Davenport
04/10/2004 20:19 #. Vida que se siente Hay 1 comentario.

Sin título / Fidel Luján

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En sombra contra la pared
el alto pistilo de la tarde.
Un gajo de luna

irredenta sobre el mar
de astros que se avecina,
más un copo de vapor

que rodaja de mineral y bruma
más sueño de albatros
en vuelo sobre los sargazos.

No me he movido de aquí.

ignoro si tienen fe mis pasos
no he sabido nunca del escupitajo
del salamandro ni las ojeras
del macaco.

Salvo las venas rotas,
pedazos de hojas, retazos
que las hormigas embalan
en sus garfios, tú
sal de mi piel
y mi gracia, permaneceremos

aquí como una antigua jactancia
logro de la incredulidad,
espejo de Lot
espuma de una rabia
que nadie desea.


Fidel Luján

10/10/2004 03:48 #. POESíA / POETRY No hay comentarios. Comentar.

La diabetes y las hormigas / Marcela Chacón Ruiz

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Una nota recientemente publicada en la página de MSN en México señala que el comer bien y productos naturales “se ha convertido en una obsesión para muchas personas, una enfermedad”.

Los productos alimenticios manufacturados, y que son más del 80% de los alimentos que se ofrecen en México, por ejemplo, y que ya ahora conforman “la dieta” de una familia de nivel económico medio o bajo, son de pésima calidad: el campo ya no produce en pequeñas parcelas; las regiones han dejado casi por completo de producir y consumir las especies vegetales y animales endógenas.

En relación directa con lo anterior, la proliferación del monocultivo ha provocado la pérdida de la riqueza nutritiva y diversidad de productos que encontrábamos hace 25 años en los puestos del mercado. Las industrias producen alimentos de manera masiva y artificialmente acelerada lo que implica que provienen de una tierra empobrecida y desgastada por reproducir los mismos nutrientes; que ha sido acosada por fertilizantes y pesticidas, con los consabidos riesgos químicos implicados en ello, y que se transmiten íntegros en la planta y su fruto.

Por si fuera poco, al ser cosechados, la gran mayoría de esos productos, apenas comienzan su “via crucis” hacia nuestra mesa: ya cosechados dentro de las industrias son tratados para cambiar su forma natural y empacarse en latas, bolsas y recipientes de plástico y cajas -cuando mejor, en vidrio- para ello, se les procesa y posteriormente adereza con suficientes químicos para colorearlos, saborizarlos, vitaminarlos y conservarlos ...no poco, eh. Tiempo después, nosotros en casa los refrigeramos y cocinamos. La calidad nutritiva de cada alimento ha sido prácticamente destruida. Al mantener un régimen alimenticio de tan pobre calidad, nuestro cuerpo lo reciente y se “endiabeta”.

Un solo ejemplo: decenas de millones de personas desayunan todos los días un producto extrañísimo, totalmente artificial, con textura intragable y de pésima calidad: aquello que llaman cereal. Y claro, lo tienen que vitaminar porque de otro modo, el único nutriente que se consume con este producto sería la leche con la que se combina para hacerlo tragable; es como comer periódico con leche, digamos. También podríamos acostrumbrarnos.

Como sabemos bien, los legítimos cereales son: el maíz, la avena, el arroz, el trigo, etc. en su forma pura e integral. No necesitamos hacer estudios especializados para conocer los nutrientes que conlleva una porción de pseudoalimento seco y corrugado, comparado con los nutrientes que aporta un plato de nopales con huevo, acompañado con una tortilla de maíz hecha a mano (en México), o un plato de avena natural con papaya o plátano, o una rebanada de pan de centeno integral con mantequilla y mermelada. El sentido común, lo sabe, nuestro cuerpo nos lo dice.

No se mencionará aquí cuánto le cuesta al planeta producir una caja de hojuelas corrugadas (con su enorme caja de cartón impresa y entintada con la bolsa de plástico semivacía), y cuánto un huevo revuelto de gallina casera revuelto con espinaca silvestre; pero sí hemos de señalar que la diferencia de costo es exponencial e inversa. Las hojuelas empobrecen la tierra y su cultivo implica la deforestación de enormes territorios, la contaminación de mantos freáticos, por mencionar sólo dos de los problemas que provoca. La gallina de granja o traspatio y la espinaca de huerto o silvestre pueden enriquecer con sus deshechos, a la tierra.

Asimismo no se hablará en este momento sobre los millones de dólares y pesos que se han invertido de manera obsesiva, para cambiar el diverso hábito del desayuno que prevalecía en cientos de regiones con miles de familias en los muy distintos parajes de los países del mundo; lo que a su vez ha cambiado la relación de estas personas y familias con su entorno, con la naturaleza y que consecuentemente ha transformado las relaciones culturales entre sus pobladores. Ahora todos comemos el mismo “cereal”, poco a poco vamos teniendo la misma “cultura”, cuerpos, malestares...

Tampoco abordaremos la amenaza que representa la introducción de cereales trasgénicos, porque sustituyen las variedades que la naturaleza ha producido durante miles de años. Las especies transgénicas serán las utilizadas, las preferidas por los industriales del alimento por ser de menor costo y presentar “homogeneidad”. Esa homogeneidad genética tan buscada y perseguida paradójicamente por la competencia; en el caso de los alimentos produce una calidad nutritiva indudablemente menor y de la cual desconocemos por completo sus efectos secundarios en nosotros, los consumidores. Otra de sus características de ciencia ficción es que dichas semillas no podrán reproducir vástagos, lo que obligará al cultivador-consumidor a comprarla interminablemente. La magnánima prodigiosidad de la vida y su reproducción cancelada por el mercantilismo: las semillas saldrán no de la tierra sino de los laboratorios. Extinta entonces la magia de procrear el propio alimento en “el terreno”, en el huerto, en el traspatio de la casa.

No es momento de plantear aquí el gran poder económico y financiero que genera la industria médica y hospitalaria en y para el tratamiento de la diabetes, ni el número de casos anuales en niños, jóvenes, adultos y ancianos que día a día se incrementa. Pero queda claro que de seguir así, el camino empieza con el fin.

A principios del S. XXI, el comer bien requiere de gran dedicación, sí. Encontrar alimentos nutritivos y sanos no es fácil, no están a la mano, no se producen, y si se produce alimento criollo, de huerto, rancho o parcela, es increíblemente difícil distribuirlo, cuando no, se bloquea; por lo que se ha vuelto también muy caro. Los costos de producción y distribución masivos son mucho más baratos para los industriales (que no para la ecología de la tierra y su entorno), que los productos criados con procesos naturales.

Entonces como dice MSN, afortunadamente el comer bien se ha convertido para muchos en una obsesión, para aquellos afortunados que tienen el dinero para darse ese lujo. Quizá es una similar obsesión que aquella que ha tenido durante más de 50 años la refresquera negra –otro ejemplo- por introducir su bebida en todos los rincones del planeta, nuestro hormiguero.

Comer sano, comida natural y productos de nuestro entorno regional, entonces, es cuidarse a sí mismo, pero también a la naturaleza y a la distribución de la riqueza. Es la ganancia de las hormigas.

10/10/2004 03:08 #. Al vapor / Steamed No hay comentarios. Comentar.

La comida oaxaqueña

rodolfo_ocotlanmunicipiomurals.jpgNingún folklore más interesante, más revelador del verdadero espíritu popular que aquel que pudiéramos llamar folklore culinario. Son las comidas de cada país como la ficha antropológica integral, colectiva, y no sólo del cuerpo, sino también del alma.
Si comparáramos, comiéndolos, los alimentos de los norteamericanos, los franceses, los ingleses, los españoles, los italianos, sabremos más acerca de esos pueblos que todo lo que nos digan los tratados. Esto es ya tan característico que algunos platos son como símbolos de la nacionalidad: el steak británico, la pasta sciuta italiana, el cocido español, el pork and beans yanqui, representan mejor a cada país que su propio escudo de armas. Aquí, en México, ¿no es el guajolote del mole el único animal que puede competir en nacionalismo con el águila de la bandera?
Pues, si en cada nación, estudiamos con el paladar los alimentos de sus diversas regiones, ¡qué geografía tan verdaderamente humana no llegamos a construir!
La cocina de México, rica, si las hay, variada y sabrosa, y difícil de condimentar y digerir cono ninguna, es la base más firme en que descansa la nacionalidad. Y, ¡cómo varía en los diversos estados de la República! ¡Cómo es suculenta de mariscos en las costas, rica de carnes en la Altiplanicie, de vegetales en Puebla, de condimentos de leche en el Bajío, la región de los pastos! Ya desde el siglo XVI era admirada nuestra cocina nada menos que por Juan de la Cueva, insigne poeta español, que al describir la ciudad de México no podía de hacer elogios de sus alimentos,
...que un pipián es célebre comida, que al sabor dél os comeréis las manos.
Oaxaca había de ser por fuerza abundosa de buena y peculiar comida. Basta de ver, en el mercado, la variedad de comestibles para comprobarlo. Ora son los quesillos, de tiras angostas, enredados, que dan la forma de un queso habitual; ora la infinidad de panes de los que el más sabroso, si no el más fino, es el que llaman resobado, grasoso, salado, hecho para la comida, en contraste con el pan de huevo, dulce, para la merienda. La gloria del mercado son, empero, los puestos de chiles, porque hay puestos en que únicamente chiles se venden. Y hay que ver la diversidad de chiles, en sus colores, en sus formas y tamaños que excitan la gula de los oaxaqueños.
Sujetos al detestable régimen alimenticio del hotel, de un cosmopolitismo insípido, hecho para complacer al más sibarítico agente viajero, apenas pudimos darnos cuenta de la genuina y legítima cocina oaxaqueña. Sin embargo dos deliciosas exploraciones por ese campo me dan pretexto, si no autoridad, para deshacerme en elogios de ella, ya que no puedo reseñarla documentada y minuciosamente.
Una buena mañana fuimos invitados a comer tamales oaxaqueños. Y en verdad que son éstos los tamales más maravillosos que he comido en mi vida. Se les envuelve en dos hojas de plátano cruzadas que se van abriendo como un libro; y entre ellas y en el fondo del “incuarto”, cuando hemos acabado de abrirlo, se abriga el suculento tamal, no duro como los de México, sino pastoso, abundante de salsa y pollo.
Pero la cumbre de la comida oaxaqueña es naturalmente el mole. El mole oaxaqueño como yo conozco, pues hay varios, es negro como carbón, de sabor menos complicado que el mole poblano, pero no menos grato al paladar. Los dioses parecen regocijarse y la vida, dura, suavizar un poco sus contornos.

Manuel Toussaint

Tomado de “Oaxaca”. México, Cvultura, 1926.
La pintura que ilustra este artículo es de Rodolfo Morales, Mural en Ocotlán, Oaxaca.
10/10/2004 03:00 #. Al vapor / Steamed Hay 6 comentarios.

Prácticamente, la serpiente que se muerde la cola

darkness180.jpgAna Valderrama

Antes hablemos de Lucifer.
Muchas tradiciones antiguas dictan que antes de su caída, Satán era conocido con el nombre de Lucifer. Tomemos el extremo del hilo de esta reseña, la palabra Lucifer se encuentra por primera vez en la Biblia en Isaías 14:12, y versa más o menos así: "¡Cómo caíste del cielo, OH Lucifer, hijo de la mañana!. Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo".
Este párrafo presenta un pequeño problema para los cristianos que automáticamente relacionan la palabra Lucifer con el demonio, y representa un gran misterio para los estudiosos de textos antiguos.
En principio Lucifer es un nombre latino, pero ¿cómo puede un nombre latino como Lucifer aparecer en un texto hebreo de esa antigüedad cuando el primero no se había ni inventado?
La respuesta se encuentra en el antiguo testamento que Marción rechazó. Esta primera versión del antiguo testamento es el denominado versión de los "Setenta" o "Alejandrina"
-el nombre de "Setenta" se debe a que la tradición judía atribuye su traducción a 70 sabios y "Alejandrina" por haber sido hecha en Alejandría y ser usada por los judíos de lengua griega en vez del texto hebreo-. Esta traducción se hizo para la lectura en las Sinagogas de la "diáspora", comunidades judías fuera de Palestina, y quizá también para dar a
conocer la Biblia a los paganos. Su redacción se inició en el siglo III a.C. (250 a.C.) y se concluyó al final del siglo II a.C. (105 a.C.) y hasta ese momento el capítulo catorce de Isaías no era acerca de la caída de Satán, sino de la caída de un rey Babilónico, el cual durante su gobierno fue perseguido por el pueblo de Israel conocido como Helal, hijo de Shahar.
El pasaje en hebreo se le "heleyl, ben shachar" cuya traducción literal seria "el que brilla, el hijo del amanecer". El nombre evoca el resplandor y fastuosidad con la cual el rey vestía junto con su corte (tal como el rey de Francia Luis XIV fue llamado el rey sol). El traductor original de la Biblia tomó el término más cercano al original hebreo heleyl, ben shachar para traducir al griego heosphoros "Portador de luz".
En respuesta a la versión de Marción la iglesia tuvo que realizar una recopilación o canon oficial de la Biblia en la cual sí se incluyera el antiguo testamento y hacia finales del siglo IV, el Papa Dámaso ordenó a San Jerónimo hacer una nueva versión latina teniendo presente la Septuaginta. Esta versión se impuso en el siglo VII definitivamente y se denominó "Vulgata" porque la intención era “vulgarizar" la obra, volverla popular. San Jerónimo tradujo directamente del hebreo y del griego originales al latín, a excepción de los libros de Baruc, Sabiduría, Eclesiástico y 1º y 2º de los Macabeos, los cuales los transcribió, sin alteración alguna. Asimismo San Jerónimo tuvo acceso a libros más antiguos que no fueron incluidos en la septuagésima, libros como el de Enoch y los apócrifos.
Dado que San Jerónimo necesitaba un nombre equivalente en latín del griego Phosphoros utilizó la astronomía romana, en la cual Lucifer era el nombre que se le daba a la estrella de la mañana o Venus. La estrella de la mañana aparece en los cielos justo antes del amanecer, y anuncia la llegada del sol. El nombre se deriva del término lucem ferre, o el portador de luz. Los escolares y teólogos antiguos mezclaron el mito con la doctrina de la caída y para el tiempo de la traducción de San Jerónimo al latín, el término ya se usaba como sinónimo de Satán.
Y la confusión aumenta más, y notemos la ironía: Lucifer se refiere Satán ya que es el mismo título (estrella de la mañana o portador de luz) pero esto se usa para referirse a Jesús también en el texto griego, en versículos como el Apocalipsis 22:16. Así que a estas alturas ya no sabemos quién es Lucifer, si realmente Satán, un rey antiguo, ambos o ninguno, o fruto de la inadecuada traducción de un monje.
Después, hablemos de Prometeo.
Quizás la respuesta se encuentre en un mito más antiguo, Prometeo, el cual cuenta que una vez concluida la rebelión contra Cronos, el antiguo dios del tiempo, Zeus y los demás dioses olímpicos crearon la tierra, los cielos y los mares. Todo estaba a punto para que apareciera la humanidad, incluso los lugares donde buenos y malos debían ingresar después de muertos.
Había llegado el momento de crear al hombre y son varias las leyendas occidentales que relatan este acontecimiento. En una, los dioses delegaron para ello a Prometeo –El titán aliado de Zeus- y a su hermano Epimeteo.
Prometeo, que en griego significa “previsor”, era inteligente y con más sagacidad que los mismos dioses, pero Epimeteo, cuyo nombre significa "el que reflexiona demasiado tarde, el torpe" seguía invariablemente su primer impulso, para enseguida cambiar de opinión.
Epimeteo repartió todos los mejores dones a los animales: fuerza, rapidez, valor y astucia, plumas, pelo, alas, caparazón y Prometeo se encargo de crear al primer ser humano al que llamó Deucalion, a partir del barro, y junto con Atenea le dio el soplo de vida necesario para animarlo. Al llevar Prometeo al hombre con su hermano, no quedaban ya bienes ni cubierta protectora, ni cualidad alguna que les permitiera salir airosos en su lucha contra los animales.
Demasiado tarde, como siempre, Epimeteo reconoció su error y llamó en su ayuda a su hermano. Prometeo trazó un plan para otorgar superioridad al hombre. Primeramente le dio una figura más noble que la que concedió a los animales y a semejanza de los dioses, le proporcionó una postura erguida. Después volvió a las regiones celestiales junto al carro del sol y con una antorcha se robó el fuego y lo llevó enseguida a la tierra. Prometeo aprendió de Atenea la astronomía, arquitectura, medicina, metalurgia, navegación y en general todos los oficios y tecnologías, y todos estos conocimientos los transmitió a los mortales, quienes con el fuego pudieron imitar a los dioses.
Irritado Zeus ante el progreso humano, quiso acabar con todos los hombres, pero Prometeo se interpuso, y aunque le debía mucho, pues le había prestado ayuda en la lucha contra Cronos, Zeus cegado por su cólera olvido su deuda. Ordenó a sus servidores, la Fuerza y la Violencia, que se apoderaran de Prometeo, le llevaran al monte Cáucaso y le amarraran. Una vez ahí, un buitre destruiría sin cesar sus entrañas. No habría fin para este castigo, porque el cuerpo de Prometeo se renovaba cada noche, para que al amanecer el suplicio volviera a comenzar. Este castigo duró hasta que Hércules le liberó rompiendo las cadenas y matando al buitre.
Ahora, el Uroboros.
En la mitología cristiana, Satán toma la forma de la serpiente y ofrece al primer humano sabiduría, por lo cual es llevado a los infiernos. Para los paganos, Prometeo representa una figura noble en su acto de auto sacrificio, por el cual es condenado al encadenamiento. En contraste, los cristianos añoraron la ignorancia del jardín del Edén, y tacharon al caído Lucifer como el máximo mal por tentar a la humanidad con el entendimiento.
La cristiandad predicó recompensas para la próxima vida, difundió el temor al conocimiento y al placer en este mundo, dejando a la rebelión y la curiosidad inquisitiva como un pecado. Fue un culto de ignorancia, obediencia y abstinencia. Pero no olvidemos que por mucho cientos de años, muchas otras filosofías se desarrollarían en oposición directa, dedicadas a la curiosidad, independencia y al placer.
La serpiente que se muerde a sí misma la cola es símbolo de conocimiento. Muchas referencias a través de la historia indican y marcan el camino que estas otras filosofías han tenido y el uso que han hecho del Uroboros, del griego oyrá, cola, borá, alimento. Entre la magia y la ciencia la inquietud por saber ha estado allí gestando maneras de pensar diferentes y alternas a las impuestas por la tradición y la religión.
Desde el antiguo Egipto hasta la Edad Media la serpiente que adopta una disposición circular, con la cola introducida en la boca, para indicar que continuamente se devora a sí misma y renace de sí misma representa la unidad de todas las cosas materiales y espirituales, que no desaparecen nunca, sino que cambian de aspecto en un ciclo perpetuo de destrucción y creación. En algunas representaciones antiguas aparece complementada con la inscripción griega “hen to pan”, es decir el “uno, el todo” y se asocia a la alquimia al gnosticismo y al hermetismo.
El Uroboros representa la naturaleza cíclica de las cosas, el eterno retorno y otros conceptos percibidos como ciclos que comienzan de nuevo en cuanto concluyen. En un sentido más general, simboliza el tiempo y la continuidad de la vida, y de hecho en algunas representaciones, el animal se muestra con una mitad clara y otra oscura, lo que recuerda la dicotomía de otros símbolos similares como el yin y el yang.
Por último, el cine.
Los significados de Lucifer, Prometeo y Uroboros son autónomos, pero el recorrido con sutil hilo no fuerza a ninguno al querer hermanarlos, y sin embargo surge una pregunta ¿todo lo anterior para qué? …Para dejar un poco suelta la aguja y seguir cosiendo, es decir, invitar a todo aquel que guste del temas, al cine. “¿Pero que reseña más extraña es ésta que no me ha dicho a estas alturas título, director o actores, y aún así pretende que vaya al cine?”.
Es fácil dar con la película, cartel oscuro, slogan que invita a temer, y título explícito sobre el número de víctimas que se requirió para la filmación. La producción es norteamericana y española, lo cual nos aleja de la típica película de miedo gringa, en la cual se van descabezando inocentes hasta que la chica linda –rubia la mayoría de las veces- acaba con el mal amenazante.
Para algunos la película es lenta, abusa del miedo efectista, y no se entiende del todo qué es lo que pasa. Cierto es que le falta explicar muchas cosas, pero es porque no trata al espectador como tonto y no se detiene a explicarle nada. La obra supone que ya hay cierto bagaje común alrededor de los símbolos que va a tratar: el mal, el rito, el sacrificio, la serpiente, la trinidad, y que sólo hace falta contar una buena historia alrededor.
Pero, a final de cuentas, la pregunta queda ¿quién es Lucifer?
En resumen, aunque a Lucifer nos lo configuren como un ser ambicioso, terrible embaucador y gran mentiroso, acabemos de coser diciendo que es una fuerza inagotable que busca alcanzar las estrellas en el cielo. Alejémoslo del concepto de demonio maligno separado de la benevolencia de la naturaleza, no es el enemigo de la humanidad, aunque bien podría ser el más grande humanista. Es, de cierto modo, la parte creativa de esta fuerza natural, es el cincel en manos del creador de una estatua, que tiene que destruir y pulir, probar y progresar.
Es mejor concebirlo como la fuerza bruta, natural, arquetípica que nos orilla a ser algo más de lo que somos, a tener ambición y alcanzar metas y objetivos, claro que para que el ciclo de la vuelta completa, este Lucifer deber ser encadenado, o más bien dirigido por un espíritu noble e inteligente que pueda aprovechar toda esta fuerza bruta e inagotable en bien del ser humano.
Lucifer, con esas raíces de serpiente que tiene, es la tecnología, es la ciencia, es la aspiración al conocimiento y la sabiduría eterna, y cada ser humano tiene algo de Lucifer en sí mismo.
Así que si en un futuro los acusan de ser adoradores de Lucifer, piensen que en cierta manera lo somos, ya que adoramos esa luz que está en el interior de cada uno de nosotros, esa luz que tiene un tinte divino e inmortal y al mismo tiempo humano, que nos da la capacidad de sentir y elegir entre lo bueno y lo malo, y aquí sí estamos hablando de ética y no de moral, que nos da la capacidad de ser algo más, de ver mas allá de lo que nos enseña una sociedad, un profesor, una religión, de ser rebeldes en nuestro pensamiento y cuestionar y preguntar, de marchar a nuestro ritmo y destino.

Título: La séptima víctima.
Director: Jaume Balagueró
Producción: España - Estados Unidos
Año: 2002
En cartelera"
13/10/2004 19:04 #. Reseñas / Reviews No hay comentarios. Comentar.

Las mujeres de los sesenta (II)

YokoOno.jpgWoman is the nigger of the
world

Yes she is...think about it
Woman is the nigger of the world
Think about it...do something about it


Si bien es cierto que las mujeres, de cualquier edad, temen enfrentarse a su realidad, las que nacieron en los años sesenta encuentran esta tarea doblemente difícil por la carga heredada de sus padres, comentada en mi artículo
anterior.

Esto no sucede con generaciones posteriores que recibieron durante su infancia lluvias completas de comentarios del tipo "tú mereces mucho, no permitas que nadie te haga daño", "el hombre que te ame deberá demostrarlo dando el trato que alguien como tú requiere", y "No hay obligación de casarse, no hay obligación de ser madre, se en la vida lo que desees ser y busca tu felicidad por ti misma". Así, estas adiciones a la educación tradicional facilitaron su desarrollo en la vida y contribuyeron a una mejor percepción de ellas mismas.

El caso aquí es que por contar con una doble formación (la impuesta por sus padres y la impuesta por las consecuencias de los movimientos sociales de hace 30 años), la gran mayoría de las mujeres de los sesenta, al enfrentar relaciones amorosas fallidas, se apanican por la sola idea de quedarse solas y "desprotegidas", idea fuertemente arraigada desde sus primeros años. Y así, el ser parte de la modernidad, estar sumamente preparada, ser inteligente y desempeñar con éxito un oficio o una profesión, se relega a un segundo plano,
siempre por debajo de lo recibido de sus padres y sin importar su grado de inteligencia que tendría que actuar congruentemente a ellas en estas situaciones.

We make her paint her face and dance
If she won't be a slave, we say that she don't love us
If she's real, we say she's trying to be a man
While putting her down, we pretend that she's above
us


Señala la escritora Elia Martínez-Rodarte en su columna Ivaginaria que el empoderamiento de la mayoría de las mujeres no les ha aportado armas para enfrentar su realidad, soledad y la fantástica experiencia de estar con ellas mismas y que relegan todo lo conseguido por estar en un lecho con un hombre cuyas capacidades, inteligencia y forma de pensar no sólo no a está a la par de ellas sino que ni siquiera le llega a los talones. Lo anterior, tan realistamente descrito por Martínez-Rodarte, por supuesto, obedece a nuestro yo interno "padre", que nos fuerza a comportarnos de acuerdo a los cánones que nos hicieron nuestros progenitores el favor de heredarnos.

Y bueno, entendida y analizada la debilidad, hipersensibilidad ridícula y tendencia a la dependencia para sentirse realizada, ¿qué se hace?

La respuesta es fácil, la acción no: el esquema debe romperse y las armas para disfrutar la vida con la única persona con la que naciste y morirás (tú misma) deben adquirirse.

We make her bear and raise our children
And then we leave her flat for being a fat old mother hen
We tell her home is the only place she should be
Then we complain that she's too unworldly to be our
friend


¿Cómo adquirir esas armas? A putazo limpio. Así, igualito que como sacaste una carrera, igualito que el valor con el que pariste un hijo, igualito al coraje con que enfrentas tu rutina diaria. Igualito. La vida es corta y las mujeres de los sesenta dejan pasar los años de una manera miserable esperando ver un cambio que nunca llegará.

¡Salud y vida para ustedes!


Tere Chacón
terechacon@gmail.com
http://terech.blogspot.com

Woman is the Nigger of the World - John Lennon y Yoko Ono (aunque todos sabemos que esa voz no es la de Lennon).
Sometime in New York City, 1972.


Imagen: Fotografía de Helyn Davenport
18/10/2004 18:44 #. Vida que se siente Hay 1 comentario.

La mujer y el zorro / Marcela Chacón

modigliani, morena.jpg

Tenía el puño cerrado apretando un papel. El piso de cemento se le venía encima. Sólo veía la punta de sus zapatos negros, rápido, primero uno, luego el otro. El piso ahí: una ráfaga uniforme y gris.

Queridos:
No quiero ya dañarlos. Como siempre, la casualidad depara encuentros que trastocan y al mismo tiempo dan afluencia a lo conocido. Me encuentro completamente sobria y tranquila, es más, las cosas ahora han caído en el fondo. Yo no sé cuánto tiempo permaneceré así. Prometo que intenté sustraerme.

Ha hecho lo imposible por permanecer, por impregnarme de cicatrices. Todo perfectamente meditado, sintiendo sin temores y en cada uno de sus poros la pertenencia evasiva y miedosa de mi cuerpo.

Él tranquilo, con la calma que proporciona la conciencia del éxito.

Vez con vez intenté oponer nuevas y más sofisticadas resistencias. Un día llegué a ausentarme, a no dejar rastro alguno soportando el escozor en el vientre, la urgencia. Llegó, se presentó como si la noche anterior hubiésemos estrechado nuestro abrazo hasta el sueño.

Como lo saben, o quizá ni lo han notado, sin darme cuenta se ha ido apoderando de la sonrisa de ustedes. Los niños de la familia esperan su llegada para mecerse en su regazo y sin decir mucho pone una nota clara donde la confusión se reúne. Yo misma me he encontrado también sorprendida en la musicalidad de su paso. De pronto el café lo he empezado a tomar sin azúcar o, por ejemplo, la satisfacción de trabajar para algo, así, me ha empezado a parecer bochornosa; en cambio, he notado –no sin esfuerzo- que prefiero contemplar la calle desde mi ventana y mirar los ocho invisibles puntos chicos y dos grandes que deja un gato en su camino, o adivinar cuál será el siguiente coche rojo que pase por la esquina. Aún así, no soporto todavía la idea de pasearme por la transparencia luminosa de la noche. Finalmente eso es lo que temo: no me le parezco.

Y bien, además me percato de cómo al dejarme levantada en las mañanas (cuando perdura el aroma del café y rozo con mi camisón sus pasos en la alfombra) quedo sin medida, no más chica o grande, simple y llanamente sin medida, con la cabeza llena de espuma y aire.

Deseo entonces sumergirme en la cama, oler de nuevo las sábanas y cerrar los ojos. Soporto el día hasta que escucho cómo introduce y gira la llave en la chapa. No importa si tenía yo que ir al banco o incluso pagar la renta. Esperarlo. Para despertar.

Debo aclarar que él no ha pedido nada. Así sería fácil negárselo, ejercer verbalmente mi poder con velocidad vertiginosa. No puedo.

No espero con ansia. No hay esmero en el brillo que pueda querer desear en su mirada. Llega como absoluto, no es explicable.

Él me ve y no sonríe, como los zorros que apuntan sus preferencias con el húmedo hocico.

Lo sé, digo tonterías pero deben intentar comprenderme. He encontrado en mi cuerpo sitios para mí desconocidos, recónditos agujeros que desplaza hasta su propio cuerpo, y es ahí a donde me doy cuenta que pertenecen y cobran vida.

Lo he decidido ya y –vuelvo a insistir– él no ha pedido nada. Desaparezco. Es posible que duden de mi felicidad. No lo hagan.

Les quiero.

19/10/2004 05:36 #. Relato Hay 1 comentario.

Varios / Paul Celan

20111025031217-klee-paul-il-giardino-del-tempio-5300055.jpg

ALABANZA DE LA LEJANÍA

En el venero de tus ojos
viven las redes de los pescadores de la mar errabunda.
En el venero de tus ojos
el mar mantiene su promesa.
En ella arrojo yo,
un corazón que entre los hombres ha morado,
lejos de mí mis vestiduras y el resplandor de un juramento.
Más oscuro en lo oscuro, más desnudo estoy.
Tan sólo al desertar soy fiel.
Yo soy tú cuando soy yo.
En el venero de tus ojos
derivo y sueño un rapto.
En una red, una red queda apresada
y nos abandonamos enlazados.
En el venero de tus ojos
estrangula su cuerda un ahorcado.


CIÉGATE

Ciégate para siempre:
también la eternidad está llena de ojos-allí
se ahoga lo que hizo caminar a las imágenes
al término en que han aparecido, allí
se extingue lo que del lenguaje
también te ha retirado con un gesto,
lo que dejabas iniciarse como
la danza de dos palabras sólo hechas
de otoño y seda y nada.

Versión de: José Ángel Valente

ESTAR

Estar a la sombra
de la llaga en el aire.
No-estar-por-nadie-ni-por-nada.
Incógnito,
solamente
por ti.

Con todo lo que cabe dentro,
sin lenguaje
también.

Versión de Felipe Boso

19/10/2004 06:46 #. POESíA / POETRY No hay comentarios. Comentar.

Periódicos, libros y cartas

printer2.jpg¿Serán sustituidos totalmente por internet y el correo electrónico?

Me resulta difícil pensar en un frío y aburrido existir sin la calidez que dan los periódicos, los libros y el correo postal, pues hay ocasiones en que un periódico es necesario, menciono algunas:

Cuando la lluvia nos sorprende con el paraguas olvidado en el clóset nos protege o navega convertido en barquito por caudalosas aguas y si esa lluvia nos sorprende en casa, con él atajamos el agua que se cuela por las rendijas de las puertas y ventanas; para transportar paletas de hielo es el mejor empaque térmico; si cuidamos nuestro planeta, nos sirve, convertido en pelota, para limpiar los vidrios; es disciplinario, pues enrollado es la mejor arma para disciplinar al perro: unos ligeros golpecitos en la cabeza (por supuesto si es que el perro dejó alguna sección completa), y podría mencionar más de sus cotidianas bondades.

En cuanto a los libros ¿se imaginan las ciudades sin bibliotecas? ¿sin librerías? ¿las casas, escuelas y oficinas sin libreros? ¡no me puedo imaginar la mesa donde como sin su acostumbrado desorden bibliográfico! y tampoco me puedo imaginar la falta del ir y venir de la mesa al sofá y viceversa; quien ha obsequiado o recibido un libro, sabe que es uno de los mejores regalos; los niños en México, dejarían de emocionarse al inicio del año escolar pues no recibirían sus gratuitos libros de texto. ¿Una de las “misiones” del ser humano se modificaría para convertirse en: plantar un árbol, tener un hijo y “teclear un libro y subirlo a la red”? ¡Ah! y el autor haría uso del scanner para autografiar sus libros, sin vivir entonces el misterio de ver las pastas debajo de la cubierta y también perderíamos la agradable sensación de acariciar y abrazar un libro y quedarnos dormidos con él sobre el pecho…

…y de las cartas, a ellas se adhiere un pedacito de quien las escribe: al extender el pliego y enlazar letra con letra, al doblarlas, meterlas en su sobre, colocar la estampilla y llevarlas al correo. Recibir una carta: escuchar el silbido del cartero, salir corriendo a su encuentro y ver su mano rebuscando dentro de su gastada mochila de cuero, es como una cuenta regresiva cuando va a despegar una nave espacial; si llega la esperada carta, la besamos, olemos, agitamos y ponemos junto al corazón… buscamos el mejor lugar para abrirla y la leemos (con o sin luz eléctrica). Para los enamorados separados es un ritual buscar el papel adecuado para enviarse sus pensamientos y el que recibe la carta sabe que el otro la llenó de besos antes de ponerla en el buzón; las cartas las doblamos y las guardamos en la cartera, en la bolsa de la camisa o en la del mandil, según el caso, para llevarlas con nosotros, para leerlas cuando y donde nos den ganas, por supuesto que también podemos llevarnos el disquete y sacarlo y verlo, (nada más eso: verlo), pues no siempre tenemos una computadora a la mano. A través de las cartas se han conocido trechos importantes o desconocidos de la historia de los pueblos, así como secretos familiares, y se ha conocido parte de la personalidad de quienes las escribieron por los rasgos de su escritura.

Los periódicos, los libros y las cartas no serán sustituidos por internet y por el correo electrónico. Aún así, el mundo se mueve, avanza, cambia y nosotros con él. Somos parte de la vertiginosa velocidad del arrastre tecnológico.

(…creo que hasta los perros se aburrirían sin las visitas de los carteros: ¿a quiénes morderían?).

Carolina Chacón

Imagen: Grabado / sin identificación
21/10/2004 04:25 #. Al vapor / Steamed Hay 2 comentarios.

Llamado / César Incháustegui

ojo de fuego.jpgTe amo por la virtud de tus aturdimientos inhóspitos
y tus piernas que tienen de mar
la turbulencia de la ola
ensañada con el cuerpo.
Siento sobre tu vientre
todo el proceder del fuego,
con su denso calor
de coágulo selecto por las uvas,
y luego me arremete
esa inversión de los ojos a la que obliga el viento
cuando volamos detrás de las estrellas,
mirando al mundo
como una empresa de insectos colosales.
Te amo inmensamente,
y mi camino ya no se detiene
ni para descifrar a las langostas
y los cosmonautas
o a los amantes de nalgas jabonosas
que haraganean en nubes
sin importarles las fechas sangrientas.
Te amo con el cínico olvido de los apasionados.
En el primer bramido del rinoceronte inmóvil
-que sólo es voz
y en una parte trocito de oído-,
ahí te llamo,
escúchame,
que tus oídos se conviertan en torres
y sean Babeles invertidas
que te hagan comprender
hasta aquellos idiomas
que no hubo tiempo de inventar.
Oye a la bestia lánguida cantar,
oye al santísimo idioma rehilete
que conduce al mareo.
25/10/2004 05:55 #. POESíA / POETRY No hay comentarios. Comentar.

Melopeas / Ilitia

modigliani 01.jpgMelopeas

Al grito de tus manos mi cuerpo escucha
No hubo silencio más armónico que el de tus poros
ni melodía más condescendiente que la de tus cabellos
en acorde con mis pechos

Tu amor acalla el silencio seductor de mi sexo
y cada gota que lubrica
encala la sinfonía nuestra.
25/10/2004 06:07 #. POESíA / POETRY No hay comentarios. Comentar.

Desenlace / Luis Barria

20101125044609-perro-y-ninodormido.jpg

 

El niño duerme en los brazos del perro mientras en el agua de sus ojos tibios navega un pez llamado Bahamut. Bahamut sostiene a Kuyata, “gran toro dotado de cuatro mil ojos, de cuatro mil orejas, de cuatro mil narices, de cuatro mil bocas, de cuatro mil lenguas y de cuatro mil pies. Para tasladarse de un ojo a otro o de una oreja a otra bastan quinientos años. Sobre el lomo del toro hay una roca de rubí, sobre la roca un ángel” *y sobre el ángel una diminuta esfera que lo contiene todo: todos los mares y las aves, todos los peces y los fuegos y las flores y los cerros: nuestra tierra.

Pero sucede un día que una pulga de estatura imposible a la mirada salta de la esfera y va a caer en el pelambre del perro. El perro se sacude y despierta al niño que lloriquea:

- HUSSEIN, HUSSEIN, HUSSEIN

El chillido excita al pez y el pez inquieta a Kuyata, el toro, que menea la impaciente cola y ésta va a dar a la nariz del ángel provocándole estruendoso estornudo:

- ¡ BUSH ¡

En este momento se rompe el equilibrio y se desvanece la esfera que lo contiene todo: todos los mares y los peces, y las aves, y las nubes, y los fuegos... y también al niño que sueña que lo carga un perro

Luis Barria
Febrero 2, 1991

* cita de El Libro de los seres imaginarios, de J. L. Borges.

25/10/2004 06:23 #. Relato No hay comentarios. Comentar.

La vaca / Idries Shaha

cubeta.jpgHabía una vez, hace mucho tiempo, una vaca. No había en el mundo entero un animal que diera regularmente tanta leche y de tan alta calidad.

La gente llegaba de todas partes para ver este prodigio. Los padres les hablaban a sus hijos de la dedicación con que la vaca realizaba la tarea que tenía encomendada. Los ministros de la religión exhortaban a sus rebaños a que la emularan a su manera. Los funcionarios de gobierno se referían a ella como modelo de comportamiento adecuado, y planeaban y pensaban cómo podría aplicarse en la comunidad humana. Todo el mundo, en suma, podía beneficiarse de la existencia de este maravilloso animal.

Sin embargo, la mayoría de la gente, absorbida como estaba por las obvias virtudes de la vaca, no consiguió observar una de sus características. La vaca tenía la siguiente costumbre: en cuanto se llenaba un cubo con su inmejorable leche, le pegaba una coz.


Tomado de La sabiduría de los idiotas. Cuentos de la tradición sufí. Madrid, Arca de la Sabiduría, 1998.
25/10/2004 17:31 #. Relato No hay comentarios. Comentar.

Ruido / Antonio Marín Ruiz

sistema solar.jpgUlises sin sirenas. Así se sentía mientras se arrastraba por la vida tratando de evitar el ruido que tantos sufrimientos le hacían padecer. Los médicos más reputados no le creyeron, algún otorrino le trató de loco, pero él sabía que era cierto, la certeza de su sufrimiento era la mejor prueba. Cuando tomó la decisión de provocarse la sordera hubo de asumir que debería hacerlo por sus propios medios, y así lo hizo. El dolor fue menor del esperado, como premio pudo recuperar la paz del silencio. Pero ... el ruido había vuelto, era evidente que no podía oír, pero estaba ahí, monótono, constante, ganando en intensidad, devolviéndole a la locura.
Todo comenzó dos años atrás. Un ligero soniquete se escuchaba de fondo, una especie de deslizamiento continuo. No hizo demasiado caso los primeros días. Apenas lo percibía antes de dormir y luego desaparecía en medio de los ruidos cotidianos. Poco a poco fue creciendo en intensidad, tampoco hizo caso. Pensó en los problemas de columna y en los vértigos que ya había sufrido antes. Sin duda, se trataría de algo temporal, no merecía la pena perder un día de trabajo para ir al médico, ya pasaría.
En el transcurso de las semanas siguientes, el ruido fue ganando en intensidad, le costaba conciliar el sueño, no conseguía acostumbrarse al rumor constante de una especie de deslizamiento que iba a veces acompañado de otros sonidos más lejanos: un desagradable chisporroteo, un paño suave sobre un cristal, el deslizarse de una barquita sobre el agua estancada o el lejanísimo gigigigi de metal sobre metal.
Meses más tarde conocía ya la consulta del médico de cabecera y la de tres especialistas, sufrió las agujas de las analíticas, visitó cotidianamente la farmacia, se vio retratado en radiografías y visitó el interior del túnel del scanner del hospital universitario. Nada parecía ir mal, para su edad su cuerpo funcionaba como el mejor reloj de precisión. Sin embargo, el ruido seguía ahí y nada podía explicarlo, ni demostrar su existencia. Para entonces los sonidos, cada uno de ellos, se habían ido haciendo más intensos, dormir era todo un reto sólo posible gracias a la ingestión de somníferos. La visita al psiquiatra supuso toda una rendición sin condiciones, contraria a convicciones y a miedos profundos; y no hizo sino agravar una situación que hasta entonces supo contener. La negación del ruido o la simple sugerencia de su no existencia le condujeron a un estado de irascibilidad que nadie había conocido antes en su persona. Empezaron a creerle loco, el aislamiento se fue haciendo cada vez mayor, en el lugar de los amigos de siempre se veían ahora espacios vacíos.
Su vida, de natural solitaria, se tornó más sola aún. La baja laboral se alargó y alargó, la desocupación dejaba paso sólo a una idea fija, la de ruido. Podía distinguir el matiz de cada sonido ya insoportable, cómo variaba la composición de los ruidos presentes en cada momento a lo largo del día y cómo influían en sus cambios de carácter.
El eclipse de Luna le dio la clave del problema. Sorprendido, descubrió que mientras la Tierra se cruzaba entre el Sol y la Luna, el chapoteo de la barcaza sobre el agua del rápido se fue apagando, para volver a escucharse al final de aquella inusual conjunción astral. Ya no tenía a quién trasladar la hipótesis que cobraba fuerza en su mente: era el sonido producido por los astros más cercanos lo que escuchaba permanentemente. El continuo zumbido de fondo debía ser el de la traslación y la rotación de la Tierra, el chisporroteo diurno la actividad solar, el deslizamiento de la barcaza sobre aguas cada vez más bravas el giro de la Luna en torno a la Tierra y los pequeños sonidos metálicos el movimiento de los planetas más cercanos. Un pequeño estudio de un mapa astronómico le confirmó su teoría, ahí estaban Marte y Venus, y un poquito más lejos Júpiter, otros apenas perceptibles, debían ser planetas más lejanos.
Ideó mil y una fórmulas para demostrar que era esa la causa real de lo que otros creían locura. Se acercó con toda la esperanza a los viejos amigos, que poco a poco le fueron escuchando y aceptando que era cierto lo que decía. Paralelo a este proceso fue el de la vuelta a su ser normal en cuanto a costumbres, en todo menos en el mal, el ruido, que siguió estando ahí, aunque, a su parecer, menos insistente, menos agresivo.
La mejora fue un espejismo pasajero. El cúmulo de sonidos fue creciendo en intensidad: zum-zum-zum, chof-chof-chof, gi-gi-gi durante el día, zum-zum-zum, chap-chap-chap, gi-gi-gi durante la noche. Llegó a un punto insoportable. Conciliar el sueño se convirtió en una obsesión, las ojeras y la palidez se adueñaron de su rostro, perdió totalmente el apetito. De nada servían los tranquilizantes ni los tapones en los oídos; los sonidos, cada día más, parecían llegar a través de la solidez de su cuerpo y no a través del aire. No había nada que hacer. En un estadío de loca desesperación, previo a la total locura, decidió privarse de uno de sus sentidos: el oído. Los otorrinos negaron tal posibilidad, los cirujanos se negaron a intervenir.
Era lo único que podía hacer, eso o el suicidio ... y la cordura, aún no del todo perdida, cerraba la puerta a esta última posibilidad. Situó un pequeño punzón de punta roma en el interior de cada oído, a un grito apretó enérgicamente a ambos lados. Cuando recobró el conocimiento constató que apenas había sangrado, pudo moverse sin dificultad, el dolor era agudo, pero aún más fuerte era la sensación de paz. No podía escuchar nada. El silencio de la más plácida de las noches lo envolvía, lo llenaba todo. Pudo dormir.
No sin dificultades, se adaptó a la sordera en pocos meses. Aprovechó el tiempo libre de la baja laboral y la recuperada paz para estudiar con detalle el recuerdo de cada sonido y su correlato con el mundo del cosmos. Llegó así a alguna conclusión que resultó de verdadero interés para grupos marginales de la vida política y religiosa. El más llamativo, quizá, fue el ejercicio de demostración de la existencia de las esferas fijas en el camino hacia la práctica demostración tangible de la centralidad de la Tierra en un Cosmos ptolemaico. La realidad de una Tierra Centro del Universo, el Sol, la Luna y los Planetas girando en su entorno y el fondo eterno e inmóvil de las esferas fijas resumían, con ligeros matices, lo que había constituido su experiencia sensible durante dos años de obsesiva detestada escucha. No pudo entender, en un primer momento, que el relato de los resultados de su investigación diese lugar a un creciente movimiento de solidaridad en forma de invitaciones para contar su experiencia, e incluso de donativos para que continuara con su labor.
No fue necesario que pusiera coto a tanto desatino cuando alcanzó a darse cuenta de que era utilizado para fines que poco o nada tenían que ver con el sentido de su esfuerzo: explicar a otros y explicarse a sí las razones de su sufrida experiencia. El ruido había vuelto. Esquivó el sentido del oído y se infiltró a través de los otros sentidos: el olfato presentaba el olor a quemado del chisporroteante Sol y sugería su sonido; la Luna olía a agua salina y sugería el oleaje marino; el tacto de la comida sonaba a Venus y el de todo lo inorgánico a Marte, a Júpiter, a Saturno; las estrellas fijas eran gotas de lluvia sobre un cristal. La visión de cada punto de luz revelaba el movimiento de la Tierra y los ruidos que le acompañan; el entendimiento, sentido en cada célula de su cuerpo, mostraba un todo de armónica aparente desarmonía de ruidos reales.
Pocos se extrañaron por el fatal desenlace de tan largo proceso de enloquecimiento. En su tumba puede leerse:

En la vida,
somos ruido;
en la muerte,
busco el silencio de los astros.

Ulises sin sirenas. Así se sentía mientras se arrastraba por la vida tratando de evitar el ruido que tantos sufrimientos le hacían padecer. Los médicos más reputados no le creyeron, algún otorrino le trató de loco, pero él sabía que era cierto, la certeza de su sufrimiento era la mejor prueba. Cuando tomó la decisión de provocarse la sordera hubo de asumir que debería hacerlo por sus propios medios, y así lo hizo. El dolor fue menor del esperado, como premio pudo recuperar la paz del silencio. Pero ... el ruido había vuelto, era evidente que no podía oír, pero estaba ahí, monótono, constante, ganando en intensidad, devolviéndole a la locura.
Todo comenzó dos años atrás. Un ligero soniquete se escuchaba de fondo, una especie de deslizamiento continuo. No hizo demasiado caso los primeros días. Apenas lo percibía antes de dormir y luego desaparecía en medio de los ruidos cotidianos. Poco a poco fue creciendo en intensidad, tampoco hizo caso. Pensó en los problemas de columna y en los vértigos que ya había sufrido antes. Sin duda, se trataría de algo temporal, no merecía la pena perder un día de trabajo para ir al médico, ya pasaría.
En el transcurso de las semanas siguientes, el ruido fue ganando en intensidad, le costaba conciliar el sueño, no conseguía acostumbrarse al rumor constante de una especie de deslizamiento que iba a veces acompañado de otros sonidos más lejanos: un desagradable chisporroteo, un paño suave sobre un cristal, el deslizarse de una barquita sobre el agua estancada o el lejanísimo gigigigi de metal sobre metal.
Meses más tarde conocía ya la consulta del médico de cabecera y la de tres especialistas, sufrió las agujas de las analíticas, visitó cotidianamente la farmacia, se vio retratado en radiografías y visitó el interior del túnel del scanner del hospital universitario. Nada parecía ir mal, para su edad su cuerpo funcionaba como el mejor reloj de precisión. Sin embargo, el ruido seguía ahí y nada podía explicarlo, ni demostrar su existencia. Para entonces los sonidos, cada uno de ellos, se habían ido haciendo más intensos, dormir era todo un reto sólo posible gracias a la ingestión de somníferos. La visita al psiquiatra supuso toda una rendición sin condiciones, contraria a convicciones y a miedos profundos; y no hizo sino agravar una situación que hasta entonces supo contener. La negación del ruido o la simple sugerencia de su no existencia le condujeron a un estado de irascibilidad que nadie había conocido antes en su persona. Empezaron a creerle loco, el aislamiento se fue haciendo cada vez mayor, en el lugar de los amigos de siempre se veían ahora espacios vacíos.
Su vida, de natural solitaria, se tornó más sola aún. La baja laboral se alargó y alargó, la desocupación dejaba paso sólo a una idea fija, la de ruido. Podía distinguir el matiz de cada sonido ya insoportable, cómo variaba la composición de los ruidos presentes en cada momento a lo largo del día y cómo influían en sus cambios de carácter.
El eclipse de Luna le dio la clave del problema. Sorprendido, descubrió que mientras la Tierra se cruzaba entre el Sol y la Luna, el chapoteo de la barcaza sobre el agua del rápido se fue apagando, para volver a escucharse al final de aquella inusual conjunción astral. Ya no tenía a quién trasladar la hipótesis que cobraba fuerza en su mente: era el sonido producido por los astros más cercanos lo que escuchaba permanentemente. El continuo zumbido de fondo debía ser el de la traslación y la rotación de la Tierra, el chisporroteo diurno la actividad solar, el deslizamiento de la barcaza sobre aguas cada vez más bravas el giro de la Luna en torno a la Tierra y los pequeños sonidos metálicos el movimiento de los planetas más cercanos. Un pequeño estudio de un mapa astronómico le confirmó su teoría, ahí estaban Marte y Venus, y un poquito más lejos Júpiter, otros apenas perceptibles, debían ser planetas más lejanos.
Ideó mil y una fórmulas para demostrar que era esa la causa real de lo que otros creían locura. Se acercó con toda la esperanza a los viejos amigos, que poco a poco le fueron escuchando y aceptando que era cierto lo que decía. Paralelo a este proceso fue el de la vuelta a su ser normal en cuanto a costumbres, en todo menos en el mal, el ruido, que siguió estando ahí, aunque, a su parecer, menos insistente, menos agresivo.
La mejora fue un espejismo pasajero. El cúmulo de sonidos fue creciendo en intensidad: zum-zum-zum, chof-chof-chof, gi-gi-gi durante el día, zum-zum-zum, chap-chap-chap, gi-gi-gi durante la noche. Llegó a un punto insoportable. Conciliar el sueño se convirtió en una obsesión, las ojeras y la palidez se adueñaron de su rostro, perdió totalmente el apetito. De nada servían los tranquilizantes ni los tapones en los oídos; los sonidos, cada día más, parecían llegar a través de la solidez de su cuerpo y no a través del aire. No había nada que hacer. En un estadío de loca desesperación, previo a la total locura, decidió privarse de uno de sus sentidos: el oído. Los otorrinos negaron tal posibilidad, los cirujanos se negaron a intervenir.
Era lo único que podía hacer, eso o el suicidio ... y la cordura, aún no del todo perdida, cerraba la puerta a esta última posibilidad. Situó un pequeño punzón de punta roma en el interior de cada oído, a un grito apretó enérgicamente a ambos lados. Cuando recobró el conocimiento constató que apenas había sangrado, pudo moverse sin dificultad, el dolor era agudo, pero aún más fuerte era la sensación de paz. No podía escuchar nada. El silencio de la más plácida de las noches lo envolvía, lo llenaba todo. Pudo dormir.
No sin dificultades, se adaptó a la sordera en pocos meses. Aprovechó el tiempo libre de la baja laboral y la recuperada paz para estudiar con detalle el recuerdo de cada sonido y su correlato con el mundo del cosmos. Llegó así a alguna conclusión que resultó de verdadero interés para grupos marginales de la vida política y religiosa. El más llamativo, quizá, fue el ejercicio de demostración de la existencia de las esferas fijas en el camino hacia la práctica demostración tangible de la centralidad de la Tierra en un Cosmos ptolemaico. La realidad de una Tierra Centro del Universo, el Sol, la Luna y los Planetas girando en su entorno y el fondo eterno e inmóvil de las esferas fijas resumían, con ligeros matices, lo que había constituido su experiencia sensible durante dos años de obsesiva detestada escucha. No pudo entender, en un primer momento, que el relato de los resultados de su investigación diese lugar a un creciente movimiento de solidaridad en forma de invitaciones para contar su experiencia, e incluso de donativos para que continuara con su labor.
No fue necesario que pusiera coto a tanto desatino cuando alcanzó a darse cuenta de que era utilizado para fines que poco o nada tenían que ver con el sentido de su esfuerzo: explicar a otros y explicarse a sí las razones de su sufrida experiencia. El ruido había vuelto. Esquivó el sentido del oído y se infiltró a través de los otros sentidos: el olfato presentaba el olor a quemado del chisporroteante Sol y sugería su sonido; la Luna olía a agua salina y sugería el oleaje marino; el tacto de la comida sonaba a Venus y el de todo lo inorgánico a Marte, a Júpiter, a Saturno; las estrellas fijas eran gotas de lluvia sobre un cristal. La visión de cada punto de luz revelaba el movimiento de la Tierra y los ruidos que le acompañan; el entendimiento, sentido en cada célula de su cuerpo, mostraba un todo de armónica aparente desarmonía de ruidos reales.
Pocos se extrañaron por el fatal desenlace de tan largo proceso de enloquecimiento. En su tumba puede leerse:

En la vida,
somos ruido;
en la muerte,
busco el silencio de los astros.

(Jaén)
25/10/2004 17:41 #. Relato Hay 1 comentario.

Descanso / Ma. del Carmen Chacón E.

lluvia 01.jpgAbrió los ojos y percibió al mismo tiempo la oscuridad y el golpeteo de la lluvia. También soplaba el viento. Con los ojos abiertos esbozó una sonrisa, pues el clima la seducía a no hacer otra cosa que escribir, escribir, escribir. Escribir lo que fuera: su diario, la lista del mandado, traducir un ensayo, inventar un cuento, contestar alguna de las cartas que habían quedado pendientes, escribir una plegaria para sus hijos, o escribir lo que acababa de soñar, tal como tuvo que hacerlo cuando decidió ir al psicoanalista. Antes de escribir, era la música. No podía escribir nada, si no escuchaba música. ¿Revueltas?, ¿Mozart?, ¿Cri-Cri?, ¿Verdi?, ¿Santana? Pero antes de ponerse en obra, quería saber qué hora era. Recordaba que se había ido a dormir más cansada que de costumbre. En ese momento todo le apretaba. Extrañó su pijama. ¡Eso era! Usaría su pijama para escribir y andaría todo el día descalza. Arreció la lluvia, así no disfrutaría de la música ni podría escribir a gusto. Dormiría unas horas más, de cualquier manera, se sentía todavía cansada. Escuchó la respiración profunda de su fiel Remo. Y volvió a quedarse dormida.

Remo se agotó de ladrar y chillar y se quedó dormido bajo el aguacero, sobre la tumba de quien lo cuidó, esperando que algún día ella regresara y escribiera algo para él.
28/10/2004 04:21 #. Relato No hay comentarios. Comentar.

Decisión / Ana Balderrama

nube enorme y campo.jpgTal vez idealizo demasiado este viaje, el cual no lleva a ningún lado. Saber esto también me cambia la cara, pues todo es vano e inútil. Entonces todo es bello y todo es terrible y lo sé. Mi vida es un buen capullo, no puedo negarlo, el único problema ha sido un poco el cascarón, los límites y mi temperamento.
Tengo demasiada furia contra un mundo al cual no pedí venir, eso es cierto, pero también tengo demasiado amor por sus detalles. Mi viaje ha sido una búsqueda del equilibrio. En él es en lo que más creo. Mentiría si dijera que equilibrio es estar en paz, ese es un extremo. El auténtico equilibrio es contemplar tanto lo bello como lo terrible, el bien y el mal con los mismos ojos. El verdadero debe ser increíble.
Viajo por los extremos, voy de derecha a izquierda, lo que a veces me hace falta llega y me complementa. Soy una vorágine de contemplación. Lo que a veces me sobra simplemente desaparece. Implacable en un diminuto universo personal, pero insisto, a veces los límites son tan cortos y me expando tanto que al resto le sorprende la velocidad y precisión de mi pensamiento. Al fin de cuentas, incomprensible. No hay en mí, recoveco que signifique algo absoluto, nada es eterno, todo muta, nada permanece, todo se degrada. Me alegro por ello. En el camino estorbo a tantos.
La vida para mí no es un regalo ni un don, es. La aprecio con la misma fuerza que aprecio al viento que mueve las nubes o al anciano olvidado que probablemente murió solo en épocas pasadas. Me la podrían quitar y tal vez agradecería tal gesto, después de todo no hay porque aferrarse a ciertas cosas que nacieron para morir.
No creo en mi mal humor, sino en mi eterno malestar para con lo otro. En mi no caben las cosas de la vida, ésas que se deberían de pasar por alto. Soy intolerante, aunque mi segunda creencia es el conocimiento. Me gusta conocer para lograr el equilibrio, no la tolerancia raquítica que construye muros insuperables.
Quisiera ser amante todo el tiempo de un ser igual a mí, encontrarme en otro y que en verdad nada importe, morir probablemente de hambre y que sea lo más hermoso. Pero no creo verme a mí en otro cuerpo.
Ahora, edad extraña, tengo que debatirme en cosas verdaderamente vanas. Mundo sordo que oye mis penas y las consuela como a miles. No es que quiera violencia, pero quiero sinceridad absoluta, una verdadera ética de la descortesía con tal de informarnos unos a los otros nuestra pequeña verdad.
Este viaje es largo, lo bueno es que no tiene regreso, este viaje es largo y lo malo es que no tiene regreso.
Vivir en un parque, trabajar varias horas, lograr la beca, comer el postre, tener poca hambre, sentir mucho miedo. Me niego a veces a todo, pero me fascino si lo tengo. Absurda teoría que cambia, tan pronto me aparece un nuevo reto. Lo quiero todo, lo terrible, lo etéreo.
Claro que tengo un sentimiento humilde de agradecimiento, las cosas que me han pasado me han hecho. Nada más grande: suma perfecta para dar lo que soy, no me quejo, repito. Simplemente sé que hay más, otras cosas, más altas, más bajas. Agradezco con fuerza esta vida que me ha tocado, cada dolor y cada placer ha sido exquisito; más de esos por favor. Así es, al fin la vida que no vale nada.
Marchitarme aún no me da miedo pero sé que será uno de los más grandes que vaya a tener. Después de todo no habré hecho lo suficiente, aunque nunca haya hecho el esfuerzo.
Por el momento estoy furiosa con aquellos que, tal vez con razón, no confían en mí. No soy un monstruo, de eso estoy segura, soy lo más parecido a un Luzbel hermoso y rebelde ante su padre, no soy lo peor, soy el extremo incómodo de la perfección, casi un ángel que por accidente está en este mundo valorando lo que dejó atrás. Eso siento y me gustaría creerlo de verdad. No me lo creo, pero la poesía allí está, y el milagro tal vez suceda.
No soy mala, ni soy buena. Quiero ser ambas.
Resulta imposible controlarlo todo, y aunque no le he querido hacer, siempre hay algo atrás de mí que lo hace, lo intenta.
Este mundo esta mal, y hay que hacer algo al respecto, este mundo esta bien y hay que hacer algo al respecto.
Día a día estoy muriendo. Día a día vivo.
Qué mejor equilibrio es éste, pues una cosa mueve a la otra, es dinámica pura.
Amo muchas cosas, y me gusta tener el poder de odiarlas de vez en cuando.
Soy algo complejo a ojos de quienes ven todo demasiado cotidiano. Soy lo más natural e instintivo a ojos de los sabios, eso lo puedo asegurar.
No me limito, no escatimo con mis desvíos y dejo que todo corra como si yo no existiera, lo que vendrá a ser mío, mío será.
Complementación y ausencia.
Quiero jugar esta vida, quiero ganar en este viaje la satisfacción de haber estado donde quería estar, aunque no supiera lo que quería, quiero llevar y dejarme llevar.
Quiero morir y vivir a diario.
Tener miedo a mi llama que se agota.
Pedir perdón no está en mis planes, ni pedir explicaciones. No quiero espinas en ningún lado, lo que sea, sea.
Quiero, claro, libertad de poder viajar sin plan ni rumbo fijo.
Acabo ahora, en un lamento triste de que la vida sigue y yo no soy nada. Acaso el ángel que sé ser.
Arrasar con todo para luego apreciarlo, vaya forma de amar.
28/10/2004 04:33 #. Ráfagas / Gusts Hay 1 comentario.

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