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¿Qué hacer? Cuatro puntos sobre el derrame en el Golfo de México

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por Marcela Chacón

 

La situación del derrame en el Golfo de México es muy preocupante.

Sin decir aquí una sola palabra sobre las consecuencias de este suceso para la naturaleza ahí viva y de su entorno, así como lo que podrá arrojar al corto plazo para México y el mundo, me parece importante poner en la mesa lo siguiente:

Es encomiable la tarea que está haciendo una organización Eco Azul con Matter of Trust para “recolectar” el petróleo. Sin embargo:

1. El proyecto está planteado para actuar de manera individualizada, lo que –ante la dimensión del problema- es en mi humilde opinión, ingenuo.

2. Se requiere que las instituciones gubernamentales y privadas mexicanas delineen un plan de acción para coordinar el trabajo colectivo. Desde ahí, coordinarse con el gobierno norteamericano. Tener a las personas trabajando de manera voluntaria en una playa me parece totalmente fuera de proporción.

3. Si se requiere colectar cabello y demás, necesitamos hacerlo para resguardar las playas mexicanas que tienen los manglares y dunas de importancia estratégica para toda la cuenca del Golfo -no en balde han sido decretadas Ramsar, en su mayoría. Es decir, comenzar a almacenar para trabajar cuando llegue a México. Los norteamericanos tienen que poner a trabajar a su población. Así seremos más.

4. Se requieren ideas para que esa grieta deje de manar. Sugiero que se piense en bombear el petróleo a las plataformas petroleras más cercanas. O, al parecer más inmediato y recomendable, se habla de detonar nuclearmente el hoyo de donde brota imparablemente el crudo. Debe pararse ya. Esto, es lo más importante: cerrar la llave. Ya.

 

Foto tomada de: http://www.ylje.com/1437/oil-spill-gulf-of-mexico-2010-updates-up-to-756000-gallons-of-oil-recovered-daily/

09/09/2010 18:43 Marcela #. Mono politicans No hay comentarios. Comentar.

Mis 23 puntos, por Marcela Chacón

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1. Nací el 4 de noviembre a las cuatro de la mañana, en la sala cuatro, soy la cuarta hija y mi segundo nombre es Sara, por tener cuatro letras. El cuatro para mí es un ícono.

2. Creí que moriría al cumplir los 40, luego los 44... y luego los 48. No morí hasta hoy, y estoy muy contenta.

3. Desde la infancia, la enfermedad me enseñó que la muerte es natural.

4. No hay nada que me guste más hacer, que escribir lo que se me antoja y volver cada vez más precisa y clara mi expresión.

5. Sin embargo, estar alerta cada instante me es más pleno que escribir.

6. La mirada cruda y compleja sobre lo real en mi juventud me llevó a dimensiones indecibles –porque ahí, se carece de lenguaje– se constituyó en mi campo de batalla, luego, en sendero que dio hermosos frutos a mi existencia.

7. Hay tres cosas que me son imprescindibles para estar bien en el día a día: café, música, y largos ratos de solitud.

8. He amado apasionada y deliciosamente, en cuerpo y alma.

9. Severa y racional conmigo misma, por duelo amoroso me autoexilié años. ¡Qué exceso de lecturas románticas europeas...!

10. Considero que ser madre es una decisión, no una condición. Y un viaje maravilloso.

11. A estas alturas del partido, me siento un armadillo, con caparazón, pezuñas, medio ciega y toda la cosa.

12. Sé volar, pero lo olvidé y quiero recordarlo.

13. Poseo un olfato privilegiado. Pronostico la lluvia, adivino quién se boleó los zapatos o fue al dentista hace una semana -información muy útil, como puede apreciarse-, me ponen de mal humor los perfumes y afeites baratos. Por el olor, reconozco cuándo está listo un pastel o guiso; huelo el enojo, el abatimiento y la felicidad en los otros (se relaciona con la temperatura y color de la piel, también). Los olores me vuelven loba o cordero.

14. Extraño cocinar desde el mediodía en colectivo de amigos, buena música y alcohol. Y hacer la sobremesa hasta componer el mundo entero...

15. Cuando a los 18 años desde un avión y porque seguíamos al sol, contemplé un rojo atardecer durante varias horas, concluí que tal visión privilegiada daba por buena mi existencia entera. De entonces al día de hoy, he vivido 275,208 horas de regalo.

16. Me vivo en un medioevo postmoderno: la riqueza basada en la desinformación y manipulación masiva, la alimentación de quinta y pseudomedicina megamonopolios, la inmensa brecha habida entre ricos y pobres. Imagino un renacimiento.

19. Mis batallas que no terminan: contra argumentar mis prejuicios y romper día a día el hábito de estar quieta.

18. El equilibrio de la naturaleza, mi hijo, algunos libros y la experiencia me han enseñado que el ser humano tiende al bienestar, que incluye la bondad. Y que en los humanos, la teoría del más fuerte sigue siendo una justificación de quienes no se hacen responsables de sus actos.

19. Vivo a los árboles como seres con forma de enormes pulmones que conectan la tierra con el cielo: un lado enterrado, el otro asido al cielo abierto. Conforme los cortamos, separamos los amarres y vínculos vitales. Pretendo cuidar los que tengo alrededor y plantar tantos como pueda ver crecer.

20. Todavía me deslumbra tomar conciencia. Me maravilla ese poder humano.

21. He vivido experiencias que no pueden explicarse con el razonamiento habitual, el precario logro ha consistido en que cada vez las integro con mayor naturalidad a mi vida diaria.

22. Fue un alivio haber aprendido a no darme importancia y saberme prescindible.

23. Por experiencia propia, estoy convencida de que recordar la sencilla congruencia de la infancia, devuelve al camino y la esperanza.

09/09/2010 18:58 Marcela #. Ráfagas / Gusts Hay 1 comentario.

Cozumel no existe / Marcela Chacón Ruiz

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Amo ver el mar del caribe, su verde esmeralda y azules intensos.

Recuerdo Cozumel, su tibieza uterina. Si me sumergía, con los ojos abiertos miraba una pequeña mantarraya oscura agolpar suavemente sus alas en la arena para esconderse de mí, o brevísimos peces, en miriada casi transparente, excepto por un largo trazo como de tinta china que los surcaba de extremo a extremo; y sus ojos.

Es decir, veía una larga gaza de puntos y rayas ondulándose y orientándose según mi movimiento. Al surgir del agua, un agradable calor quemante deslumbraba la mirada colgando de mis pestañas gotas fragmentando la luz del horizonte; otras, pequeñas y cálidas, resbalaban por mi cuerpo dejando a su paso diminutos granos de arena sobre mi piel.

Hace muchos años de esto. La playa entera olía a respiración marina. Con mi espontáneo amigo del hotel –que sólo vi esos cuatro días de vacaciones– perseguí pequeños cangrejos para coleccionarlos en un vaso y sorprendernos con sus ojos inesperadamente puestos en la punta de sus antenas; asombrados por los intensos colores de sus caparazones. Sí, los dejamos escapar. Seguramente empezaba ya en nuestras venas un inadvertido pulso en favor de la conservación de la diversidad de las especies. En el restaurante comimos tortuga –exquisita–, todavía no lo prohibían. Vuelta a la mar, a la alberca y de ahí a la playa a correr, a tatuar el arena o qué sé yo.

Qué plenitud. Qué sueño gentil entraba ya en la tarde por mi cuerpo recostada en un catre mientras el sol desaparecía lentamente al fondo de la llanura de azules ya oscurecidos y móviles. La risa de mi madre y carcajada de mi hermano –entonces un muchacho; el imparable mar, hablando, roareando su memoria y abrazo.

Me pertenecía Cozumel. O yo pertenecí a Cozumel. O al mar, más bien dicho.

¿O nosotros a la playa? ¿al caribe? ¿al planeta entero? Lo cierto es que Cozumel así se fue, hasta muchos años más tarde que volví.

¿Será que las costas o las islas son vórtices de lo inefable? Sitio donde el agua deviene en tierra y al revés: la escama en pelo, lo dulce en salado, la piedra en polvo, los huevos en semillas, las protuberancias calcáreas en troncos y hojas, las anémonas en plántulas, y ellas en palmeras, cocos, anfibios en peces y éstos en aves. Y de regreso: el manglar en costa, la costa en estero, en agua verde y cada vez más más verde y profunda. Sí, adormilada perdí mis límites en el atardecer, mecí mi cuerpo de niña en un sueño de agua primera. En la orilla, los perímetros desvanecen la consistencia. ¿Será por eso que en las costas la gente habla y las palabras se les derraman abiertas, cuajadas de sonoras vocales? La incandecencia del sol hace el contrapeso: la piel, el cuero, curtido para tornarse costra-caparazón, y endurecer el continente y así no diluirse en el agua salada. En la orilla uno se vuelve orilla. En Cozumel o Tulum, Maruata o La Ventana, Ferrabá, Marsa Maruth y Bondi, Brighton o Anse Soleil, porque la orilla, transmuta y tú, en ella.

Mientras no fui a Cozumel, la isla dejó de existir. Es más, no está ahora que vivo en esta tierra firme, húmeda y verde; no está en México. Oye –me dirás- pero quién te crees... ¿No existe porque no la vives tú? ¿Y todos los habitantes de la isla? Es más: la isla sin habitantes si quieres, sin uno solo: ahí está entera y quieta, enorme pedazo de suelo lamido una y otra vez por el agua de mar que le rodea, pululante de increíbles insectos, peces, aves. Y hasta lo que no se ve, la transparencia del aire y las substancias que lo conforman.

Y no lo puedes negar –me dices– atraviesan esta isla, ductos de drenajes y cables, también las construcciones de cemento. Caminos. Rejas. Letreros. Banquetas. Autos. Ahí está Cozumel. Claro que está.

Ok, sale, te contesto.

No llega aún a Cozumel, pero sí el mar del Golfo está enchapopotándose cada día más, con una inefable inmensa mancha ingenua que mana, que no sabe ni porqué salió de su lugar. Abraza con aceite negro y espeso todo lo que toca, ajena de sí en ese líquido ligero, vital y poblado. Su noche cerrada huele ácido, penetrantemente acre, a entraña de infierno abierto y pastoso que se unta en cada grano de coral y arena, cada pasto, roca, en cada minúsculo ser que encuentra y toca.

No más comentarios.

09/09/2010 19:40 Marcela #. Relato Hay 1 comentario.

No hay publicación por el momento

No tenemos ningún testimonio que presentar, por lo pronto.

09/09/2010 22:30 Marcela #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Arquitectura para la vida / J. M. Calero

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¡Arquitectura para la vida!



En la actualidad no es posible definir un estilo arquitectónico que englobe tal quehacer. Los principios estéticos clásicos que llevaron una controlada línea de evolución histórica se encuentran dispersos en un presente caóticamente ecléctico.

Pensemos en una gráfica en donde el comienzo podría ser la arquitectura nómada avanzando en el tiempo hasta la actualidad. La producción arquitectónica se podría catalogar linealmente hasta el tiempo de la industrialización o el modernismo.

Actualmente esta línea se ha ramificado gracias a la amplitud de las variantes de materiales además de las técnicas y constructivas. Podríamos decir que el eclecticismo actual representa un caos estilístico en la arquitectura contemporánea.

Este caos no es solamente propio de la arquitectura. Nuestro tiempo se representa por un gran caos que se interrelaciona y comienza a afectar nuestro planeta, como un cáncer, y por ende a cada ser vivo. Vivimos un tiempo necesitado de planteamientos utópicos que promuevan la esperanza colectiva en orden hacia un cambio radical que pretenda un reequilibrio armónico que mitigue el caos.

De un tiempo a la fecha gracias a la participación de personas de orígenes multidisciplinares y comprometidas con la tarea de definir los principios del caos para plantear soluciones. Se ha comenzado a hablar de ecología, medio ambiente y sostenibilidad. Entre tantos más éstos conceptos promueven un cambio de actitud y pensamiento en cada una de las tareas del ser humano.

Existe un fuerte movimiento que plantea reencontrar los valores naturales o de la naturaleza para mitigar paulatinamente los acelerados patrones de consumo que refleja nuestra sociedad desde distintas escalas desde el consumo de terrenos hasta el consumo personal. Se habla de una nueva ética medio ambiental que promueva la equidad y recrimine los derroches y desperdicios que afecten el ambiente.

Nos hemos dado cuenta los humanos que la era industrial desencadenó una furiosa línea de evolución que alimenta una fuerte inercia y nos llevará a la muerte de nos ser frenada paulatinamente.

Entendiendo lo anterior esta tesis buscará unificar conocimientos esenciales para promover soluciones prácticas desde el campo de la arquitectura, necesidad primaria para los seres vivientes. La arquitectura continuará existiendo mientras viva la especie humana.

Si comparamos la arquitectura en las mega-ciudades con la arquitectura rural entenderemos que la arquitectura rural forma lazos más armónicos con su medio y que la arquitectura citadina es más enfermiza. ¿Por qué? Si comparamos la evolución arquitectónica en las ciudades con una bola de nieve que comenzó hace décadas veremos que en las ciudades la bola se ha convertido en una monstruosa avalancha difícil de controlar.

Debemos recuperar los valores esenciales naturales. Evitar el consumo desmedido que obliga en la actualidad a las personas a depender de las grandes empresas productoras y vendedoras de energía. ¡Reforzemos el rumbo de la arquitectura autónoma!

Pensemos en una arquitectura para la vida, así como recordar para quién se hace la arquitectura. Promovamos sociedades libres y no endeudadas. Debemos promover la vida y la libertad.

Todo ser humano nace libre, la ineficacia de los sistemas sociales van limitando dicha libertad hasta encasillarlo a una vida de trabajo ¿para que? Para pagar hipotecas; asumir deudas; pagar teléfono; gas; agua; y también internet.

Es importante que la arquitectura reecnuentre su vía para resolver armónicamente las necesidades humanas energéticas: el sol, el viento, la lluvia, el agua de deshielo, la tierra y su cultivo. Sus habitantes seríamos más libres y promoverían su protección y cuidado.



Arquitecto José Mario Calero Vizcaíno
Doctorando UPC, Barcelona, España
Escuela Técnica Superior de Arquitectura
ENERGÍA Y MEDIO AMBIENTE EN LA ARQUITECTURA

¡Sabiduría, Salud y Corazón!...

11/09/2010 13:29 #. Mono politicans No hay comentarios. Comentar.

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